CRISTO Y LAS NAVIDADES


Dec 1 2010

La Navidad, en la forma en que es celebrada en la actualidad es una de las ideas que se originaron con el catolicismo romano y que sobrevivió la época de la Reforma. El historiador Will Durant, nos recuerda que el catolicismo romano se formó de la unión entre paganismo y el cristianismo que ocurrió durante la época del emperador Constantino a principios de los años 300 después de Cristo. Comentando acerca de la "cristianización" del imperio romano, Durant escribió:

"El Paganismo sobrevivió...en la forma de ritos antiguos y costumbres que fueron aprobadas por una iglesia bastante indulgente...Las estatuas de Isis y Horus fueron nombradas María y Jesús..la Saturnalia (el festival de Saturno durante el invierno) fue reemplazado con la celebración de Navidades...Incienso, luces, flores, procesiones, vestiduras..que había agradado a la gente en antiguos (paganos) cultos fueron domesticados y limpiados con los rituales de la iglesia..."

Pese a sus orígenes paganos y católico romanos, y una comercialización grosera y ofensiva, nosotros podemos regocijarnos que la época de Navidades anualmente trae un recuerdo del nacimiento de nuestro Salvador. Desafortunadamente, las festividades navideñas por lo general perpetúan la confusión concerniente sobre quién es realmente Jesucristo y por qué vino al mundo y qué realmente logró. Esto no es sorprendente, considerando los malos entendidos entre Sus propios discípulos en el primer advenimiento, y la aún mayor confusión en donde la Biblia nos dice que va a ocurrir antes de Su segunda venida. Indudablemente, todo el mundo, incluyendo los millones de "cristianos", seguirán y adorarán al Anticristo, convencidos que él es el verdadero Cristo.

Las celebraciones navideñas nos recuerdan que los mismos mal entendidos que impidieron a muchos el reconocer a Cristo cuando vino a la tierra también impedirán a muchos en su Segunda Venida. Las causas de confusión de hace 2.000 años, todavía permanecen con nosotros: ¿Cuál es la verdadera misión del Mesías y en qué consiste Su reino? ¿Cuándo, cómo y para quién será el reino establecido? ¿Y cuál es la relación de este reino con Israel y con la iglesia? Muchos "cristianos" hoy en día están ciegos de la misma manera que los primeros "discípulos" quienes rechazaron a Cristo, porque Él no cumplía con sus erróneas expectativas mesiánicas.

Hasta Juan el Bautista se desilusionó hasta el punto de preguntar a Cristo: "¿Eres tú aquel que había de venir o esperaremos a otro?" (Mateo 11:3). Tales dudas parecen imposible en la persona a quien Dios había mandado para "preparar el camino para el Señor". Ya teniendo el Espíritu Santo a los seis meses de embarazo, Juan saltó dentro del vientre de su madre Elisabet cuando escuchó la voz de la virgen María, quien acababa de enterarse que iba a dar a luz al hijo de Dios. Llamado e inspirado por Dios para ser el "precursor del Mesías", Juan testificó: "...el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre Él, ése es El que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios" (Juan 1:33-34). Confiado en esa revelación sobrenatural, Juan declaró: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Pero aún así, vino el día en que, en desasosiego, tuvo que enviar a dos discípulos para preguntarle a Cristo si Él realmente era el Mesías.

Aunque le había sido dada la revelación sobrenatural acerca de la identidad de nuestro Señor, Juan completamente malentendió la misión de Cristo. ¿Acaso los profetas no habían dicho que el Mesías tendría Su reino en Jerusalén? Entonces, ¿cómo era posible que él, el que había anunciado al Mesías se encontraba ahora en una prisión? Juan no entendió que Cristo había venido a morir por nuestros pecados para que así el judío y el gentil, unidos en una iglesia, podrían ir al cielo. Tampoco el entendió que debería haber una Segunda Venida.

Fue lo mismo con los discípulos en el huerto de Getsemaní. Sumamente sorprendidos ellos observaron a aquel, quien ellos pensaban tenía todo el poder, actuar de una manera aparentemente sin poder alguno. Él fue arrestado, amarrado y llevado capturado. Obviamente, ¡Jesús de Nazaret no podría ser el Mesías después de todo! Los sueños y expectaciones que los discípulos tenían se evaporaron y ellos se dieron a la fuga para salvar sus vidas. De la misma manera las dos personas que iban en el camino a Emaús dijeron: "...nosotros esperábamos que Él era el que había de redimir a Israel... (pero ellos) le crucificaron" (Lucas 24: 19-24). Su muerte, que ahora reconocemos es la parte central del evangelio y si eso no hubiera sucedido no tendríamos nosotros vida, convenció a sus contemporarios que este Jesús no podría ser el Mesías, el Salvador del mundo.

"Si es el Rey de Israel, que descienda ahora de la cruz, y creeremos en Él" (Mateo 27:40-44) fue la burla de la muchedumbre y también de los líderes religiosos al pie de la cruz. "Si tú eres el Cristo, sálvate tú mismo y también a nosotros" fue el eco de los ladrones que estaban crucificados junto a Él. ¿A quién vino el Mesías para salvar, y en qué forma; salvarlos de qué, y para qué?

Indudablemente nada de esto fue entendido en ese entonces por nadie, ni siquiera por Sus discípulos más fieles.

Cuando Cristo trató de explicar que Él tenía que morir por los pecados del mundo, Pedro le reprochó por ser tan "negativo". Y aún así, Pedro, momentos antes había declarado por revelación directa de Dios Padre que Jesús era el Cristo (Mateo 16:16-17).

Obviamente él tampoco entendía la misión del Mesías, aunque sabía quién era el Mesías. "¡Quítate de delante de mí, Satanás!" (Mateo 16:22-23), le había dicho Cristo a Pedro, demostrando la importancia de corregir tal gran mal entendimiento de Su misión. Así que fue con aquellos en Jerusalén (Juan 2:23-25) quienes "muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía".

Ellos creían que Él era el Mesías, pero tenían un concepto falso de lo que eso significaba. Jesús no confiaba en ellos porque sabía muy bien lo que albergaba en sus corazones y que no creerían la verdad. Vemos el mismo error en el capítulo 6 del evangelio de Juan, quienes porque Cristo los había sanado y los había alimentado querían "apoderarse de Él y hacerlo rey" (Juan 6:15). Hay muchos que se llamaban Sus "discípulos" (hoy se llamarían "cristianos") quienes tenían un concepto falso del Mesías, y cuando Él trataba de explicarles la verdad ellos no querían escucharle sino que "muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con Él" (Juan 6:66).

También sabemos que Cristo supo cómo tratar a las multitudes que lo querían seguirle por razones erróneas. Nosotros debemos hacer hoy en día lo que Él hizo en ese entonces. Muchos tomaron un paso "adelante" para decirle a Jesús que creían en Él y que lo seguirían fielmente. A diferencia de los métodos de hoy en día, Cristo no les dijo a sus discípulos que aceptaran a esta gente como "miembros de Su iglesia", antes que esta gente cambiaran de opinión, y tal vez ponerlos en algún ministerio o en algún comité para mantenerlos activos en la iglesia. No, no fue así, sino lo que Jesús les dijo a aquellos que aparentemente querían seguirlo: "Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza" (Mateo 8:20). La pregunta a esos individuos realmente era: "¿Están ustedes seguros que me quieren seguir?" Si uno analizaría lo que Jesús dijo podría decir que Él estaba siendo un poco "negativo". "¿Así que ustedes quieren seguirme?" fue probablemente la pregunta que Jesús les hizo a aquellos que decían que creían en Él. "Entonces déjenme decirles a qué lugar voy yo a ir. Yo voy a una colina a las afueras de Jerusalén, llamado el Monte Calvario donde me van a clavar en una cruz. Es decir, que si ustedes van a ser files hasta el final, es mejor que ahora mismo se decidan: ¡lleven ustedes su propia cruz y síganme a donde voy, porque es a ese sitio que les he dicho que me dirijo!"

Hoy en día somos demasiados sofisticados para presentar el evangelio en términos tan "negativos". Nosotros hemos estudiado lo que se necesita para tener un éxito en este mundo, nosotros hemos estudiado psicología, sabemos "cómo ganar amigos e influenciar a la gente" y estamos convencidos de que si utilizamos esos métodos podemos "ganar almas para Cristo". Por lo tanto, llenamos las iglesias con multitudes de personas que se imaginan que la misión de Cristo es el hacerlos sentir bien acerca de sí mismos, edificando su autoestima, contestando sus oraciones egoístas y cumpliendo con sus agendas para bienestar propio.

Hay un movimiento que existe ahora y que promulga la Reconstrucción y el Dominio del Reino y estas son las personas que piensan de esta manera y que están más confundidas que Juan el Bautista, aunque el error es similar. Estas personas rehúsan caminar en el camino que Cristo aconsejó, o el aceptar el rechazo de Cristo, ya que eso significaría para ellos una "derrota". Estas personas creen que ya estamos en la era del Milenio y que deberíamos comportarnos como "niños del Rey". Ellos piensan que la misión de ellos es establecer ese "Reino de Cristo" a través de tomar "dominio" de los fuentes de difusión, de las instituciones educacionales y del liderazgo político. Los promotores de este movimiento de "señales y prodigios" se imaginan que ya están en el proceso de tomar control de toda enfermedad y hasta el tomar control de la misma muerte sin necesidad de la resurrección y sin la Segunda Venida de Cristo.

Todo eso es muy positivo y muy ecuménico. Estos llamados "cristianos" están dispuestos a aliarse y a trabajar en conjunto con los mormones y los moonis y todos aquellos que están a favor de reinstalar los valores sociales tradicionales. Y durante esta temporada de Navidades, una vez más, el hecho de desplegar públicamente una cruz viene a ser un motivo de unificación. Para justificar todo esto, los líderes "cristianos" defienden la rectitud de trabajar y de aliarse con todos aquellos que llaman a Jesús nuestro "Señor". "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo 7:21-23). Existen multitudes, como los mormones, católicos (así como también muchos bautistas, luteranos, metodistas, etc.) quienes llaman a Jesús "Señor" pero no están salvos.

El 17 de octubre de 1989, Paul y Jan Crouch les dieron la bienvenida a tres católicos en su programa de televisión llamado "Praise the Lord" ("Alabado sea el Señor"). Dos sacerdotes católicos y una mujer que era líder secular. Paul mostró su típica ingenuidad e increíble ignorancia de teología en su afán de minimizar las diferencias entre los protestantes y los católicos como si fueran simplemente algo insignificante y relacionándolo solamente como si fuera una cuestión de "semántica". En su afán de aceptar la teoría de la "transubstanciación", que es una herejía tan enorme que miles murieron en la hoguera en vez de aceptarla, Paul declaró: "Bueno, nosotros los protestantes creemos en la misma cosa. Por lo tanto, algo que nos ha dividido por todos estos años (transubstanciación) no debería ser un obstáculo entre estos dos grupos ya que nosotros (los protestantes) creemos en la misma creencia aunque la decimos en forma diferente... es más, voy a erradicar la palabra "protestante" de mi vocabulario... ya no voy a protestar nada... es tiempo que los católicos y los no-católicos se unan en el Espíritu y en el Señor". Pasando por alto por un momento esta terrible ignorancia, nosotros sabemos que los católicos tienen un evangelio diferente de salvación que consiste en obras y rituales a través de la mediación de la iglesia católica romana.

Las fiestas navideñas con su énfasis en el "niño Jesús" tienen la tendencia a perpetuar otra herejía católica: el mito pernicioso de servidumbre de parte de Jesús o de nivel inferior a Su madre, que el catolicismo romano ha promulgado deliberamente por muchos siglos. No hay duda alguna que María debe llamársela "bendecida" como la madre de nuestro Señor, pero ella no es reina ni redime; esto es algo exclusivo de Jesús como nuestro único Salvador. Pero el catolicismo romano enseña de otra manera ya que ha elevado a María a un nivel que nunca le perteneció, un nivel al igual y hasta mayor que Jesús lo cual es una herejía y una blasfemia. En los templos católicos por todo el mundo uno se da cuenta que las estatuas, los cuadros y en las vidrieras de los templos le dan a María la función predominante. Ella hasta es mostrada en la cruz como si fuera nuestra corredentora, mientras que Jesús típicamente es un niño indefenso en el seno de su madre, o un niño pequeño en las rodillas de María, o una víctima de la cruz, yaciendo en los brazos de María. Nunca se le muestra a ella como en sujeción a Él y casi nunca es Cristo presentado en el triunfo de Su resurrección. María es presentada como la "Reina del Cielo", donde Jesús permanece como un niño sujeto a su dirección. Esto es muy típico, como por ejemplo en un templo católico en Francia donde sus ventanas tienen la clásica vidriera que fue hecha en el siglo XIII. Encima de ella están las palabras "Le Pergatoire", indicando que es la descripción del "purgatorio". María y Jesús son mostrados en una nube (como si estuvieran en el cielo), con las almas atormentadas en las llamas del purgatorio debajo de ellos y con los brazos extendidos en suplicación. ¿Acaso estas almas están clamando a Cristo para que los salve? No, están pidiendo a María ya que es ella la que lleva la corona real. Y Jesús, el Señor de Gloria, quien triunfó sobre Satanás en la cruz y que ahora está sentado a la diestra de Dios Padre, ¿cómo es presentado? Como si todavía fuera un niño de siete años de edad, parado sobre las rodillas de la "Reina del Cielo". Con razón las almas en el purgatorio no le piden ayuda a ese Jesús. En la parte baja de la vidriera que muestra esta abominación están las palabras: "¡Madre María, sálvanos!" ...

La Navidad ofrece una oportunidad para proclamar el verdadero evangelio de Jesucristo, y para exponer y corregir la representación ecuménica y confusa que es presentada al mundo cada año. Millones son seducidos a pensar que son cristianos porque tienen una emoción sentimental por el "niño Jesús". Recordemos lo que Cristo dijo a aquellos que creían en Él:"Si vosotros permanecieries en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad, y la verdad os haré libres" (Juan 8:31-32). Es esta verdad la que hemos sido llamados a proclamar con toda claridad y con todo poder.

CRISTO Y LAS NAVIDADES

Título en inglés: "Christ and Christmas"