EL MESÌAS & LA CRUZ, PRIMERA PARTE: MALENTENDIDOS COMUNES


Oct 1 2009

La venida del Mesías ha sido la gran esperanza de la gente judía desde el principio. La palabra "Mesías" significa "ungido". La palabra equivalente en el idioma griego es "Cristos". En el Antiguo Testamento, los sacerdotes (Levítico 4:3, 8:12; Salmo 105:15) y reyes (1 Samuel:15:1, 24:7-11; 1 Reyes 1:34; Daniel:9:24-26) son referidos como los "ungidos." En el libro de Reyes 19:16, leemos el ungimiento de la función de profeta. El Mesías de Israel personifica las tres funciones: profeta, sacerdote y rey, y por lo tanto se le puede llamar en forma única el "ungido." Aunque la palabra "Cristo" es simplemente la forma griega de la palabra "Mesías," los judíos en cierta manera se sienten un poco susceptibles cuando alguien pronuncia esa palabra, tal vez porque ellos hay sufrido tanto odio y persecución de parte de muchos de aquellos que se llaman "cristianos". Ese término nunca fue usado por Jesucristo o por los apóstoles, ya que era totalmente desconocido en la época en que vivían. Les sorprendería a los judíos saber que los seguidores de Cristo fueron llamados "Cristianos" por primera vez en Antioquía (Hechos 11:26). Era un término despectivo que ponía a los seguidores de Cristo en una posición precaria para ser despreciados y ser perseguidos.

Muchos más cristianos que judíos han sido asesinados por católicos. Esta declaración sorprendería a muchos judíos. ¿Por qué fueron asesinados y porqué fueron los católicos que lo hicieron? La respuesta es porque los verdaderos cristianos por su profundo amor por el Mesías siempre han rehusado dar su lealtad y fidelidad a los papas y han rechazado las doctrinas falsas de esa iglesia. Por ese rechazo miles fueron asesinados por cientos de años, aún antes de la Reforma. Ambos judíos y cristianos fueron víctimas de las Inquisiciones, el horror del cual la Iglesia Católica nunca se ha arrepentido.

Antes de su reciente muerte, el Senador de Massachusetts, Ted Kennedy, el cual era un devoto Católico Romano, escribió una carta al actual papa pidiendo oración y llamándolo "Su más Santo Padre." Verdaderos cristianos ven tal título como una abominación.

Jesús enseñó a Sus discípulos cómo orar, "Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea tu nombre..." (Mateo 6:9). Y Él también dijo "Y no llamen 'padre' a nadie en la tierra, (excepto al padre natural) porque ustedes tienen un solo Padre y Él está en el cielo" (Mateo 23:9). Los papas han usurpado esa posición, y los católicos romanos, por ignorancia del mandato de Cristo, le rinden pleitesía con todo gusto y se inclinan y hacen reverencia en su presencia. La historia nos enseña que mucho de los papas fueron los seres más malignos que el mundo haya visto, y aún así, todos son honrados como los sucesores de Pedro. Trágicamente, la Madre Teresa, siguiendo el ejemplo de los papas, dirigió su atención hacia la Iglesia y especialmente hacia María en vez de a Cristo para sus respuestas a sus oraciones y para la salvación eterna. Nunca dejó el rosario de estar en su mano, aunque diariamente estaba preocupada por el pensamiento que tal vez no iría al cielo.

Jesús es siempre presentado como un bebé en los brazos de María y hasta aparece como un bebé en las supuestas apariciones, y que después son honradas en santuarios o "lugares sagrados" en muchos países. Existen aproximadamente como mil santuarios en Francia solamente. Uno tiene que buscar por mucho tiempo a través del mundo para poder encontrar unos pocos lugares católicos donde se honra a Jesús.

Los soldados que participaron en la Primera Cruzada, motivados por la promesa del Papa Urbano II, que si ellos morían en el campo de batalla durante esta "guerra santa" entrarían al cielo sin sufrir el purgatorio, asesinaron miles de judíos en su camino hacia Jerusalén. En 1096, ninguno de los 1,600 Judíos que vivían en la ciudad alemana de Worms, sobrevivió cuando los soldados de la Cruzada pasaron por esa ciudad. La mitad de éstos judíos fueron perseguidos por las calles y hasta en sus casas. Aquellos que se refugiaron en el palacio del Obispo fueron dados albergue temporal, con la condición que se convirtieran al catolicismo por medio del bautismo. Encerrados en una salón inmenso debatieron esta decisión y todos ellos (aproximadamente 800) decidieron suicidarse en vez de convertirse. Fue como lo que sucedió en Masada y esto fue repetido una y otra vez en el sendero de las Cruzadas. En el proceso de "liberar" a Jerusalén, los Judíos fueron perseguidos hasta la Sinagoga, a la que se le prendió fuego, incinerando todos aquellos que estaban adentro.

Tristemente, estos eran los Cristianos que negaban que el Mesías vino a ser el Salvador de todos. Ellos parecían contradecir lo que Juan el Bautista declaró: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Esto también es una contradicción dada por el ángel a los pastores cuando anunció el nacimiento del Mesías: "No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo" (Lucas 2:10). Estas nuevas no podría ser para todos si, como algunos nos lo dicen, es solamente para aquellos que son elegidos (elegidos especialmente para el cielo), dejando a un lado aquellos que no son elegidos y que van al infierno.

Jesús predicó Sus buenas noticias del Antiguo Testamento, (Juan 3:16) "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" - con una ilustración del libro de Números 21:8-9, en el cual encontramos que había habido una insurrección de parte de los israelitas en contra de Moisés y de Aarón. Poniendo en acción Su juicio, Dios envió "Serpientes ardientes" hacia ellos. El remedio consistía en que Moisés hiciera una serpiente de bronce y la pusiera en una asta donde todos la pudieran ver. Cada uno que había sido mordido estaba destinado a morir, mientras que cada uno que miraba a la serpiente de bronce se curaba.

La serpiente, por supuesto, es una representación del pecado y de Satanás. Cada ser humano ha sido mordido por ambos: "pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios" (Romanos 3:23); y "porque la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23). Esta ilustración, a veces es difícil de entenderse. ¿Era el Jesús, crucificado en la cruz, una representación del pecado y de Satanás? "Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en Él recibiéramos la justicia de Dios" (2 Corintios 5:21). Sabemos que Jesús era completamente sin pecado alguno. Él no conoció el pecado. Él no cometió pecado. En Él no había pecado. ¿Entonces que quiere decir: "se convirtió en pecado por nosotros"? Lo único que puede significar es que Él fue castigado como si Él fuera el pecado mismo. ¿Cómo puede de otra forma Juan el Bautista haber dicho "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo"? Fue a través de la muerte, el entierro y la resurrección de Jesús que Satanás, la serpiente, sería destruida. Podemos leer su destino final en Apocalipsis 12:7-11: "Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles.... Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.... Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte."

La serpiente en el asta ciertamente no indicaba que Satanás iba a ser el co-redentor del mundo, ni tampoco la serpiente en el asta indicaba que las serpientes que mordían a las personas iban a ser partícipes en su cura. Satanás no estuvo en la Cruz, pero a través de la muerte del Mesías, él será destruido.

Del Mesías se había profetizado: "No gritará, ni alzará Su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia" (Isaías 42:2-3). Jesús menciona este pasaje y después añade; "Y en su nombre esperarán los gentiles" (Mateo 12:21). Jesús no estaba prohibiendo el predicar en las calles. Yo en particular he predicado en Wall Street en Nueva York, donde me parecía que estaba arrojando perlas a puercos en el sentido que las personas que transitaban por la calle tenían sus mentes en cualquier otra cosa excepto en el evangelio. Aún así ¿quién sabe qué semilla de la Palabra de Dios ha podido haber tomado raíz?

Jesús no vino al mundo a empezar una cruzada. El evangelio no es forzado a ninguna persona. Desdichadamente, esfuerzos especiales que se dedican a predicar el evangelio son a menudo llamadas "cruzadas", aún hoy en día. No se puede haber elegido una palabra peor para compartir las buenas nuevas del evangelio de Jesús el Mesías a los judíos, que las Escrituras específicamente declara que ellos deben ser dados la prioridad para recibir el evangelio. Otras palabras pueden ser usadas en vez de la palabra ofensiva "cruzada", palabras como "campañas," o "presentaciones," u otra palabra para dejar en claro que no estamos en ninguna manera siguiendo el ejemplo de las Cruzadas Católicas que fueron mandadas por los papas. Debemos de evitar en todo lo posible el mal entendimiento que pueda impedir el difundir las buenas nuevas al mundo.

Pablo dijo, "Pero lejos este de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo" (Gálatas 6:14). El énfasis de Pablo es claramente en el que fue crucificado, no en la forma de Su muerte. ¿Cuánta gente pone el énfasis en la Cruz en vez de aquel que murió en ella? Tampoco la Iglesia Católica Romana remedia esta omisión con su énfasis en crucifijos que representan a Jesús permanentemente colgado en la Cruz. La Cruz en sí, en vez de aquel que dio Su vida hace 20 siglos, ha venido a ser el centro de atención. El poder de la Cruz está, no es su despliegue sino en lo que predica; y esa predicación no tiene nada que ver con la cruz en sí, sino con la muerte de nuestro Señor en ella, como ha sido declarada en el evangelio de 1 Corintios 15:1-4.

Para mucha gente es una gran sorpresa que el evangelio no incluye ninguna mención de una cruz. ¿Por qué? Porque la cruz no es esencial para nuestra salvación. Esa fue la manera en que la muerte del Mesías fue profetizada en el Salmo 22, y no porque la cruz en sí tiene algo que ver con nuestra redención. Lo que es esencial es el derramamiento de la sangre de Cristo durante Su muerte, como era representado durante los sacrificios del Antiguo testamento (Levítico 17:11; Hebreos 9:22).

Durante la Última Cena, Jesús dio pan y vino a sus discípulos, explicando que esto era Su cuerpo y Su sangre, y les dijo que participaran en este acto y les encomendó lo siguiente: "Haced esto en memoria de mí" (Lucas 22:19). Los Evangélicos tienen varias maneras de observar este mandato. Algunos lo hacen semanalmente, otros lo hacen una vez al mes, otros cada cuatro meses, otros una vez al año y algunos nunca lo observan. Por lo general, esto es hecho al final del sermón durante el servicio dominical con un poco de tiempo para meditación y sin himnos u oraciones específicamente a la memoria de Jesús. Esta forma de recordar a nuestro Salvador es como una formalidad, siguiendo los pasos doctrinales como si eso tuviera alguna eficacia y como si estuviéramos cumpliendo con lo que es requerido. Realmente depende de la conciencia propia el decidir cómo se debe observar lo que el Señor nos ha encomendado, pero es raro encontrar un servicio en que los creyentes observan este acto más allá de una mera formalidad.

Nuestro tópico es "El Mesías y la Cruz," y no "La Cruz y el Mesías." Ni tampoco se debe dar el énfasis en el sufrimiento físico que sufrió el Mesías en manos de los hombres; los malvados soldados romanos que abusaron de Jesús no fueron los instrumentos que Dios había designado a hacer sufrir a Jesús por los pecados del mundo, como la película católica "La Pasión de Cristo" lo representa. En las Escrituras podemos leer: "Pero el Señor quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir, y como Él ofreció Su vida en expiación, verá su descendencia y prolongará sus días, y llevará a cabo la voluntad del Señor" (Isaías 53:10).

Obviamente, "La Pasión de Cristo" no podría representar la realidad, porque no han sido los sufrimientos físicos lo que nos ha salvado. Lo que el hombre hizo al Mesías no contribuyó a nuestra salvación pero sí contribuyó a nuestra condenación. Desde el tiempo de Eva, quien creyó la mentira de la serpiente que el comer físicamente la fruta prohibida la convertiría en una diosa, todos sus descendientes han sido materialistas. El materialismo está presente en todo lo que el hombre toca. El materialismo ha convertido el amor en un deseo de lujuria. Los seres humanos se imaginan que la felicidad y las posesiones son los factores esenciales en la vida. Las vidas de muchos hombres y mujeres son consumidas en la adquisición de cosas físicas y el dinero que las puede comprar. Jesús dijo que la vida de un hombre no consiste en la abundancia de las cosas que uno posee. Jesús no dijo que el dinero era la raíz de toda clase de males, en realidad el dinero es necesario. Él condenó "el amor al dinero" (1 Timoteo 6:10) cono la raíz de toda clase de males.

El materialismo también ha pervertido el evangelio y la observancia religiosa. Esto es particularmente verídico en el Catolicismo Romano, que en su mayoría incluye actos físicos u objetos: el bautismo, las reliquias, estatuas, ropas ornamentales, etc. El pan y el vino de la comunión, que son solamente simbólicos del cuerpo y de la sangre de Cristo, mediante la magia de la transubstanciación se transforman supuestamente en el cuerpo físico y en la sangre de Jesús.

Para los Católicos, el bautismo es otro acto físico que "confiere" salvación, pero la salvación es algo del corazón: "si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo" (Romanos 10:9). Los Católicos "llevan gente convertida al cielo" a través del bautismo de agua, aunque como muchos Protestantes, ellos creen en rociar, salpicar agua en la cabeza del individuo, por lo tanto puede ser administrado a los bebés. La orden de la Madre Teresa se llamaba "Las Hermanas de la Misericordia" y ellas ponían un paño húmedo en la frente de un paciente que se estaba muriendo y murmuraban una oración que supuestamente le perdonaba los pecados y le daba acceso libre al cielo.

Este "camino al cielo" fue forzado a muchos bajo la amenaza de muerte durante los días de la Inquisición. El Catolicismo se extendió a través de la América Latina por medio de la espada. Durante una acalorada discusión, Cortés reprochó a Moctezuma por ofrecer sacrificios humanos. Con una asombrosa perspicacia Moctezuma le respondió,"Al menos nosotros no comemos la carne y tampoco bebemos la sangre de nuestro dios". Los españoles masacraron miles de aztecas en su atentado de someterlos al bautismo de la Iglesia Católica Romana.

Uno no necesita ir más al sur de Méjico para ver los efectos del Catolicismo Romano en su continuo dominio a través de América Latina. Los Evangélicos que tratan de llevar el evangelio a América Latina todavía encuentran una enorme oposición de parte de los sacerdotes católicos en cada pueblo y en cada ciudad.

El sentido común nos hace reconocer que forzar a alguien a "creer" en algo que está en contra de su voluntad, es un esfuerzo fútil. Hay un antiguo dicho que dice así, "Un hombre que es convencido en contra de su voluntad, se queda de la misma opinión." Y aún así en el Islam, la fuerza es el conducto para la "conversión." Mahoma inclusive se jactaba que para uno ser un musulmán, uno no tiene que creer.

El Mesías simplemente le dijo a los Judíos y a los gentiles, "Síganme a mí," una invitación que puede ser aceptada o rechazada. La Biblia termina con una oferta cordial, "Quien quiera venir lo va a hacer." El Mesías, quien vino al mundo a través de Israel, no fuerza nada a nadie. Uno está libre de escoger el cielo o el infierno. Jesús pagó la pena por el pecado de la humanidad, pero este pago es efectivo solo para aquellos quienes creen y reciben Su sacrificio, que Él hizo por ellos. Trágicamente, la mayoría de los judíos todavía permanecen rechazando la salvación que Dios ofrece a través del prometido Mesías.

Título en inglés: "True Love Part I: Moral and Meaning". © Periódico Publicado en octubre del 2009 escrito por Dave Hunt