LA JUSTICIA, EL PERDÓN Y LA TRANSFORMACIÓN


Apr 1 2008
La Biblia declara, “En el principio Dios creó los cielos y la tierra.”  Después de la creación de todo lo demás, Dios dijo, “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza... y creó Dios al hombre a su imagen.”  Él entonces creó a Eva, la esposa para Adán y les dio la orden más fácil que pueda ser posible: de todos los innumerables árboles de frutas deliciosas que Él había plantado en el paraíso del Jardín del Edén, había un solo árbol del cual ellos no podían comer: “el árbol de la ciencia del bien y el mal” (Génesis 2:9).  Este árbol podría haber producido cualquier clase de fruta.  No había ninguna clase de poder espiritual en la fruta de éste árbol, ya que era igual que todos los demás.

El ordenar que no se comiera de éste árbol en particular era una prueba de obediencia para Sus criaturas.  La desobediencia, aún en la forma más simple constituiría una rebelión y la consecuencia sería que ellos serían separados de Dios, el que da la vida, y resultaría en la muerte física y espiritual y la expulsión de Su presencia para siempre.

Los críticos dicen que es increíblemente cruel que el haber comido la fruta prohibida haya resultado en este mundo actual que está lleno de dolores y enfermedades mortales, de insectos y reptiles venenosos, de sufrimiento de bebés e niños inocentes, de guerras, asesinatos, violaciones sexuales, robos, y otros horrores y que continúan en dolor y en sufrimiento a través de la historia de la humanidad.  Y aún así, el acto que cometieron Adán y Eva, aparentemente insignificante, fue hecho en desafío a su Creador.  El resto, como se dice, es historia, una historia de rebelión persistente en contra del Dios que creó a la humanidad para que Sus criaturas creadas sean Sus recipientes de Su amor y de Sus bendiciones.

Y aquí tenemos el resultado, el mundo actual, 6 billones de personas, cada uno con su propio ego, su propio amor propio, cosechando las consecuencias de nuestro egoísmo.  Nosotros no podemos culpar a Dios por el mundo actual, la culpa es de nosotros solamente.  Este no es el mundo que Dios creó sino es el mundo que nosotros hemos creado en desafío a Él.  

Se dice que el Presidente Bush es un cristiano que es nacido de nuevo y que ora a Dios cada mañana.  Pero al mismo tiempo es el presidente Bush quien llama al Islam una “religión pacífica,” la cual es bien sabido que es la religión más viciosa y la más cruel en la historia de la humanidad, responsable por la matanza de millones de personas, una matanza que continúa en el tiempo presente en muchas partes del mundo.  ¿Cómo es posible que Bush sea un cristiano verdadero y continúe diciendo tal mentira, no solamente una vez sino repetidas veces?  ¡Él llama a Mahoma (el fundador de esta “fe” asesina y él mismo un  asesino de muchas personas) un profeta del verdadero Dios y llama al Corán la Palabra de Dios!  Es inconcebible que Bush ignore la realidad que dieciséis veces el Corán niega que Jesús es el hijo de Dios.  También niega que Él murió en la cruz por los pecados del mundo, niega también Su resurrección y muchas otras doctrinas cristianas.  ¿Y aún así Bush tiene la osadía de alabar al Islam?

¿Cuál es la evidencia práctica que demuestra el liderato del Presidente Bush en su seguir a Cristo con todo su corazón y que no sea que está tratando de jugar a la política, es decir, en tratar de complacer a ambos lados?  La rebelión que empezó con Satanás en el cielo y se extendió al Edén está ahora desenfrenada en América y en el mundo entero.  Ni Dios ni Cristo es honrado en la Naciones Unidas.  ¿Cuáles son los líderes de los países que realmente están ahora siguiendo los consejos y la orientación del Creador de todo?  América está ahora donde Israel se encontraba cuando Dios lamentó: “Y el derecho se retiró, y la justicia se puso lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir” (Isaías 59:14).

Como creador de Su universo, Dios tiene que gobernar.  Satanás organizó una rebelión cósmica en el cielo llevándose a muchos ángeles con él.  Trágicamente el hombre ha seguido esta insurrección que Dios no puede tolerar.  Ningún gobernante puede permitir anarquía, esa es la razón por la cual el castigo para el crimen de traición es la pena de muerte.  ¿Qué peor puede ser una rebelión en contra del Señor del Universo?

Dios ha escrito Sus leyes morales en la conciencia de cada ser humano (Romanos 2:14, 15).  Cada uno de nosotros sabemos cuando cometemos un acto de rebelión en contra de Dios.  El pecado es una traición máxima en contra del Señor del Universo.  Por lo tanto, Dios dijo a Adán y a Eva que en el día que ellos se rebelaran en contra de Él, ellos “morirían seguramente.”  Todos sus descendientes, de la misma manera, han fallado el “examen de obediencia.”

La Biblia nos advierte, “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23).  Si la traición en contra de un gobierno de un país determinado merece la pena de muerte, pues el castigo de cometer la traición máxima en contra del Señor del Universo merece la separación eterna del que nos da la vida.  Cristo mismo decretó la separación eterna de Su presencia para los rebeldes cuando dijo que ellos “serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 8:12).

¿Es posible que Dios nos quisiera condenar a un severo, pero temporal castigo, y después nos da la bienvenida al cielo una vez que nuestros pecados hayan sido “purgados” en las supuestas llamas del “purgatorio’?  Todo lo contrario, la Biblia nos dice que Cristo “habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo” (Hechos 1:3).  Si nosotros pudiésemos ser purgados de nuestros pecados de otra manera entonces ¿por qué Cristo murió en la cruz?  Esta idea errónea de que el pecado puede ser purgado por cierto tormento en las llamas del fuego es una creencia común en la Iglesia Católica Romana y en el Islam.  El concepto del infierno que se menciona en el Islam suena como si Mahoma lo hubiera copiado directamente del purgatorio de la Iglesia Católica Romana.

En el Catolicismo, el “purgar” ocurre en un lugar llamado purgatorio, inventado por el Papa Gregorio el Grande en el año 593 DC.  El Catolicismo Romano declara que si uno no ha sufrido los suficientes “sufrimientos, castigos, miserias y pruebas en esta vida” entonces “expiación tiene que hacerse en la próxima vida a través del fuego y de tormentos o castigos purificantes.”

La idea de que un fuego físico consumiendo el cuerpo de una persona pueda tener un efecto purificador (afirmado por el Catolicismo y el Islam) no solamente es herejía sino es totalmente fuera de razón.  Algunos evangélicos también aceptan la idea de tormento en un fuego físico como un apropiado castigo eterno por la rebelión moral y espiritual en contra de Dios.  Tal concepto tiene numerosos problemas.

La inmersión del cuerpo humano en las llamas del fuego (como el Catolicismo y el Islam aceptan) causaría un dolor tan insoportable que sería imposible el tener un pensamiento moral o racional.  No podría haber un sincero arrepentimiento por pecados cometidos, solo habría una furia tremenda en contra del “Dios” quien los está torturando y solamente se podría obtener una promesa en desesperación a cualquier cosa con tal de obtener alivio.  Por supuesto promesas hechas bajo tal coacción no tendrían ningún valor.

Si aquellos en el Lago de Fuego tuvieran cuerpos físicos (que el hombre rico no lo tenía), sus cuerpos se consumarían instantáneamente.  Por lo tanto, el “Dios” que los estuviera torturando tendría que instantáneamente y continuamente reconstituir sus cuerpos para así poder mantener el tormento físico.  Esto es lo que el Islam llama el infierno: “...arrójenlos al fuego y cuando sus pieles se consuman por el fuego les cambiaremos por nuevas pieles para que puedan continuar con su tormento: porque Alá es exaltado en poder, en sabiduría” (Sura 4:56).  El cuerpo constituye mucho más que piel, por lo tanto lo que se dice no tiene ningún sentido.  Y aún así los católicos y algunos evangélicos se adhieren a tal absurda idea.

La pregunta que es hecha muy a menudo es la siguiente ¿Y que sucede con aquellos cuerpos de hombres malignos que se mencionan en el evangelio de Juan: 5:28-29?  Y lo que se dice en libro de Apocalipsis: “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios...  Y el mar entregó los muertos que había en él” (Apocalipsis 20:12,13) ¿No suena eso como si los cuerpos hubieran resucitado?  La respuesta es no.  No podría ser de ninguna manera.  Nada es mencionado en estos pasajes acerca de “los muertos” teniendo cuerpos. ¿Cómo pueden aquellos que están de pie ante Dios ser descritos como “muertos” si ellos han sido resucitados en cuerpo, alma y en espíritu?  Solamente a través de la resurrección de Cristo es la muerte conquistada.  Solo los cuerpos de los redimidos participarán en esa victoria.

La realidad de que los muertos serán “juzgados según lo que habían hecho” (Apocalipsis 20:12) seguramente no significa nada a no ser que sean castigados “según sus obras.”  ¿Cómo puede eso pasar a través de la tortura de ser arrojados al Lago de Fuego? ¿Estará Hitler en la sección más caliente? ¿Cómo puede el cuerpo físico sufrir con más o menos intensidad en el instante que el cuerpo es consumido? ¿Y cómo los grados o niveles de tortura física se pueden distinguir de acuerdo a tantos diferentes pecados y a la motivación detrás de ellos?  Las llamas del fuego no podrían hacer eso.

El hombre rico en el infierno dijo que él estaba atormentado en las llamas. ; y la muerte y el infierno serán un día arrojados en el “fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles... y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaba la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (Mateo 25:41; Apocalipsis 20:10).  Pero el “diablo y sus ángeles’ no tienen cuerpos físicos, y entonces ¿cómo es posible que las llamas del fuego, a las que son insensibles, les va a afectar?  El hombre rico estaba en la tumba, no en las llamas del infierno, aunque él habló de su lengua.

Ciertamente, cuando leemos que “la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará” (1 Corintios 3:13) ese fuego indudablemente no es físico.  Ese fuego tiene que ser el “fuego” de la justicia de Dios, de Su santidad, de Su pureza y de Su verdad que expone los motivos y que atormentará la conciencia del maldito para siempre.  Esto solamente puede constituir las llamas del Lago de Fuego.  No habrá ninguna excusa posible ni aún para el más perverso de todos los seres humanos.  Sin ningún árbol que lo esconda, sin ninguna hoja que lo cubra, y estando de pie ante Dios, las llamas de Su justicia quemarán la conciencia con convicción supernatural.  El tormento eterno será más allá de lo que uno pueda imaginarse.

El Corán menciona el infierno mucho más que la Biblia.  Las descripciones son vívidas y espantosas.  El infierno es para aquellos que rechazan las enseñanzas del Corán (Sura 5:86).  Y al igual que el purgatorio romano cada musulmán tiene que pasar por lo menos un buen tiempo en el infierno (Sura 19:71, 72).  Algunos se quedarán en ese lugar para siempre (Sura 2:217), mientras que otros serán rescatados después que hayan sufrido los suficiente en las llamas: “Aquel que es rescatado del fuego y llevado al Paraíso es indudablemente un triunfador” (Sura 3:185).

Del hombre rico Jesús dijo: “Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos” y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.  Entonces él dando voces dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama” (Lucas 16:23,24).  Esta petición extraña produce confusión entre lo físico, lo espiritual y lo moral, ya que su cuerpo y su lengua  estaban pudriéndose en la tumba.  Tratando de obtener placer, gozo y satisfacción solamente en el aspecto físico sin tomar en cuenta lo moral y lo espiritual, el hombre rico, aparentemente, estaba prisionero de esa ilusión por toda la eternidad.

¿Por qué el tormento en el Lago de Fuego no trae al arrepentimiento al más pecador de todos los pecadores y también así a la salvación?  Como hemos notado anteriormente, si el alivio fuera solamente físico, el dolor sería demasiado severo para permitir cualquier razonamiento racional, y mucho menos una genuina respuesta al evangelio si fuese ofrecida.  Después de la muerte viene el “juicio” (Hebreos 9:27), no una segunda oportunidad.

Cada padre sabe que cuando un niño es sorprendido en un acto de desobediencia, él hace lo posible para escapar del castigo prometiendo que nunca más va a ser desobediente.  Lo mismo es el caso con los criminales.  Estos individuos a veces hacen llorar a personas en autoridad con promesas, aparentemente sinceras, de no cometer nunca más un crimen y no regresar más a la prisión.  Desdichadamente son muy pocos los que cumplen con tales promesas y las prisiones en este país son como si tuvieran puertas giradoras donde continuamente prisioneros salen y regresan al mismo sitio para seguir aprendiendo la misma lección que se supone ya habían aprendido.

Los Estados Unidos tiene uno de los mayores porcentajes de asistencia a iglesias, pero al mismo tiempo también el porcentaje es bastante alto de individuos que están en cárceles.  Esto refleja la realidad de que muchos criminales viven mejor en prisión que en el mundo exterior y también refleja que una sentencia de prisión para un criminal no es bíblico.  Por supuesto la mayoría de personas nunca cometen un crimen por el cual son enviados a prisión, pero pueden estar practicando secretamente el adulterio, la fornicación, la lujuria, la homosexualidad, la envidia, el orgullo, los celos, etc. , y se arrepienten solamente cuando son descubiertos.

Un cierto número de líderes religiosos, católicos y evangélicos, durante los últimos años han sido expuesto por haber cometido pecados horribles y supuestamente se han arrepentido públicamente algunos con lágrimas en sus ojos.  La vergüenza que resulta de estos pecados es muy difícil que se olvide y la desconfianza no puede ser removida no importa cuan sincero el arrepentimiento sea y muchas veces esto no sucede porque la persona se haya arrepentido sinceramente, sino porque su pecado fue descubierto.  Si el pecado hubiese permanecido secreto, ¿podría la persona haber confesado voluntariamente su pecado junto con el arrepentimiento o hubiera continuado disfrutando del tal pecado en secreto?  Solamente Dios sabe la respuesta de tal pregunta vital (Jeremías 17:9).

No hay manera alguna para cualquier pecador, no importa cuan arrepentido él esté, de poder limpiar su corazón.  Dios sabe que no podemos cambiar de nuestra naturaleza pecaminosa a la nueva creación que Él quiera que seamos.  Para que Dios pueda perdonar justamente el castigo tiene que ser pagado.  Desde el momento que es infinito y que es marcado por Dios para toda la humanidad, nadie, sino sólo Dios puede pagar tal castigo.  Pero eso no sería justo ya que Él no es uno de nosotros.  Por lo tanto Dios se hizo hombre a través del nacimiento de una virgen para tomar nuestro lugar bajo Su ira, pagando la pena, el castigo por los pecados de todos para que todos puedan ser perdonados justamente.

El castigo de muerte eterna habiendo sido manifestado por Dios significa que ni Él mismo puede cambiarlo.  ¿Y eso por qué?  Cualquier cosa que Dios manifiesta es una reflexión de Su santo carácter.  Si Dios hiciera lo contrario de Su palabra manifestada, aún si fuera una sola vez, debilitaría Su perfección.  Si Él cambiara de opinión solamente una sola vez, entonces nosotros no podríamos ya confiar en lo que Él diría.  Siempre existiría la posibilidad que Él pudiera cambiar de opinión nuevamente una y otra vez, sin haber un límite.

Pero por supuesto esto es imposible: “Porque yo Jehová no cambio...Para siempre, oh Jehová, Permanece tu palabra en los cielos” (Malaquías 3:6; Salmo 119:89).

En contraste Alá dice: “Muchas de nuestras revelaciones que nosotros anulamos o causamos que sean olvidadas, traemos en su lugar algo mejor o algo igual” (Sura 2:106).

El trabajo redentor que Cristo realizó en la Cruz es el cimiento de nuestra fe y por esa misma razón es el objeto de continuos ataques para desacreditar esa fe.  El Islam a través del Corán niega que Cristo es Dios y que se convirtió en hombre (aunque afirma el nacimiento de una virgen) y niega que murió en la Cruz y también niega que Él pagó o que estaba capacitado para pagar por los pecados de otros (Sura 4:157-8).  El concepto de Cristo, que no pecó nunca, y que murió en el lugar de los pecadores, es atacado no solamente por el Islam sino también por los ateos que dicen que tal concepto viola los principios de justicia.

En Romanos 3:21-26, Pablo demuestra la justicia de la muerte de Cristo como substituto para toda la humanidad.  Su conclusión suena como si ya finalmente la hubiera probado contundentemente: “...que Él (Dios) sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3:26).  Pablo no da ninguna explicación de porque esto, que es tan contrario al razonamiento humano, puede ser verdad.

Para entender, consideremos a Barrabás y a Pablo.  Barrabás fue el único individuo que ha vivido y que puede decirse que Cristo literalmente murió por él.  ¡Que testimonio podría haber él dado!  Pero la muerte de Cristo en su lugar no produjo ninguna transformación en el corazón de Barrabás y lo que hizo solamente fue el haber puesto en libertad a un criminal para que continuara viviendo como siempre.  En contraste, Pablo testifica: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del hijo de Dios, el cual me amó y se entregó así mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Aquellos que verdaderamente creen en Cristo como su Señor y Salvador están aceptando Su muerte como si fuera la de ellos.  La vida que una vez ellos aspiraron a vivirla en forma egoísta, ha sido crucificada con Cristo y Su vida ha sido aceptada a cambio.  La fe en Cristo produce una transformación milagrosa en el corazón del creyente que solo puede ser descrito como el “ser nacido de nuevo... nacido del espíritu (Juan 3:3-8).  ¡Aquellos que no conocen a Cristo de esta manera pueden recibirlo por fe ahora mismo y empezar una nueva vida que durará por toda la eternidad!


     LA JUSTICIA, EL PERDÓN Y LA TRANSFORMACIÓN

Título en inglés: “Justice, Forgiveness, and Transformation”