“PABLO ES DISPUTADO...” Hechos 17:17, etc.


Jun 1 2008

Uno no necesita leer mucho la Biblia para darse cuenta que definitivamente no es un libro ecuménico.  En “La Gran Comisión,” Cristo comisionó a Sus discípulos a hacer discípulos de “todas... las naciones enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes.” (Mateo 28:19, 20).  Este es un deber sagrado de Cristo mismo y que pone una grave responsabilidad sobre todo aquél que se llame cristiano.

Si el lenguaje tiene algún significado, entonces cada discípulo verdadero de hoy en día tiene que ser un discípulo de otro discípulo, el cual también es un discípulo de otro discípulo, y así hasta llegar a los doce discípulos originales y por supuesto también están obligados a obedecer las mismas ordenanzas que Cristo les dio.  Nadie fue autorizado por Cristo a cambiar esta Comisión, y ciertamente tampoco el evangelio, y aún así esto se ha hecho y se continúa haciendo en nuestros días..  ¿Qué podría pensar nuestro Señor de los líderes de la iglesia que han manipuleado y despreciado Su Palabra?
 
La verdad es independiente del tiempo, del espacio, de la materia y nunca cambia.  No tiene un lugar en el universo físico;  existe solamente en la esfera, que no es física,  del alma y del espíritu.  Es una realidad indiscutible que el cráneo no es la mente, con la cual nosotros podemos entender la verdad y que nos provee una de las pruebas más simples: que nosotros somos seres eternos y no físicos, y que solamente estamos viviendo temporalmente en cuerpos físicos.  Esta realidad provoca una pregunta que la mayoría de nosotros no quisiéramos encarar.  Prefiriendo dar nuestra atención a los placeres y a los planes relacionados con este mundo temporal de los cinco sentidos y lo que es de suma importancia es postergado hasta “cuando sea más oportuno” (Hechos 24:25) y por supuesto tal momento nunca llega. Cada persona debe responder la pregunta clave: ¿Dónde irá mi espíritu y mi alma cuando esta temporal morada donde he vivido por estos años finalmente termine en la tumba?

Al negar la existencia del alma y del espíritu, los materialistas (que son todos los ateístas) tratan de identificar la mente y todo pensamiento e ideas con la mente física.  El físico Arthur Eddington, declarando que el “materialismo está muerto”, prueba esta realidad en una forma bastante simple:  “En la ciencia... ley.. . significa una regla que nunca es quebrada... Por lo tanto en el mundo físico lo que el cuerpo hace y lo que el cuerpo debe hacer es equivalente; pero sabemos de otro dominio donde no existe tal equivalencia.  No podemos ignorar esta distinción... Las leyes de lógica no prescriben la forma en que nuestras mentes piensan; sino que prescriben lo que nuestras mentes deben de pensar... Aunque nosotros quisiéramos asociar el pensamiento en sí con la mente física, la conexión cesa de existir cuando consideramos la propiedad fundamental del pensamiento, el cual pueda ser correcto o incorrecto.”  

Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, es “el camino, la verdad y la vida.”  La verdad no cambia, por lo tanto “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).  Y aún así muchos líderes de la iglesia en nuestros días (así como multitudes de otros a través de la historia) se han tomado la libertad de cambiar casi todo lo que a ellos les parece.  Algunos han hecho esto mismo al hacer una nueva traducción modificada de la Biblia, como Eugene Peterson en “El Mensaje”, otros, como Norman Vincent Peale y Robert Schuller han “positivado el Evangelio” y otros han querido “modernizar” el Cristianismo.  El movimiento de “La Iglesia Emergente”, ha iniciado la tendencia de restaurar el “Cristianismo Original.”  Lo que realmente ha hecho es restaurar tradiciones antiguas que durante el tiempo de los apóstoles ya estaban alejadas de la verdad.  Solamente el Nuevo Testamento, y no “La historia de la iglesia primitiva,” nos da el único documento del verdadero Cristianismo Bíblico.

No existe justificación al decir “los tiempos han cambiado” así que por lo tanto ahora necesitamos una “nueva verdad” para poder enfrentar los desafíos del mundo post-modernista.  Es una ilusión el imaginarse que el regresar al pensamiento y a la práctica de la “iglesia histórica primitiva” nos va a hacer más espiritual o nos va a restaurar al Cristianismo del primer siglo.  El tratar de encontrar respuestas en “la iglesia histórica primitiva” no es suficiente.  Debemos regresar a la Palabra de Dios, a la Biblia.

A cada verdadero discípulo se les ha dado un deber sagrado, el cual ha sido recibido a través de una línea de sucesión desde la original ‘comisión’ de Cristo que a su vez le dio a Sus primeros seguidores;  el obedecer y el enseñar a otros a obedecer todo lo que Cristo enseñó.  No se necesita ninguna clase de investigación, solo un entendimiento de la Palabra de Dios y fe para poder reconocer la descarada revisión que se le está haciendo a la Gran Comisión en nuestro tiempo presente.  Esta tal revisión se puede observar en la jerarquía eclesiástica de muchas iglesias Protestantes, y especialmente en la Iglesia Católica Romana, la cual sería denunciada y repudiada por los humildes discípulos-pescadores originales si ellos vivieran hoy en día.

Increíblemente, John Hagee, (el cual es un pastor cristiano y uno de los principales partidarios del candidato presidencial republicano John McCain) en una carta con fecha Mayo 12, 2008, dirigida a Bill Dononue, que es el presidente de la Liga Católica por Derechos Civiles y Religiosos, pide disculpas por haber llamado a la Iglesia Católica Romana “la iglesia apóstata” y la “gran ramera.”  ¡Pero esos términos fueron usados por Martín Lutero y los Reformadores, manteniendo la veracidad de las Palabra de Dios!  Tampoco fueron éstos términos surgidos en la espontaneidad del momento sino que fueron declaraciones consistentes a través de muchos años.  En un descarado despliegue de contradicción, Hagee declaró, “Yo quiero expresar mis más profundas disculpas por cualquier comentario que los católicos han encontrado hiriente.”  ¿No es acaso Cristo una “piedra de tropiezo y roca de caída” (Romanos 9:33) y no es también Su cruz una “ofensa” para los no creyentes? ¿Es que acaso tenemos que disculparnos por ofender al decir la verdad? ¿Debemos acaso suprimir la verdad del evangelio para evitar el ofender a aquellos que realmente lo necesitan?  ¿No es acaso la Biblia (y no los sentimientos heridos de los pecadores) nuestra norma inalterable?

Hablemos con toda honestidad, la disculpa de Hagee que niega la verdad fue hecha para enmendar el posible daño político.  La disculpa no fue por la causa de Cristo, sino fue para ayudar las aspiraciones presidenciales de John McCain.  En su disculpa Hagee menciona los términos usados en el libro del Apocalipsis como “un mecanismo retórico que ha sido empleado por mucho tiempo en la literatura y comentarios en contra de la Iglesia Católica Romana.”  Ahora él tiene que pedir perdón al Señor por haber llamado “La Revelación de Jesucristo, que Dios le dio” (Apocalipsis 1:1) “¡retórica anti-católica!”  Podemos entender ahora que después de este incidente McCain se distanció de Hagee, quien entonces retiró su apoyo al candidato presidencial.

En vez de permanecer fiel a los mandatos de Cristo, muchos de los líderes de la iglesia de hoy en día enseñan y practican un “Cristianismo” como si la Gran Comisión hubiera ordenado lo siguiente: “Vayan hacia todo el mundo y traten de encontrar cosas en común con las mayores religiones del mundo, traten de no criticar ninguna “fe”, sino en vez traten de unirse con tales personas que practican diferentes tipos de “fe” en una unión ecuménica para así abolir la pobreza, el hambre y las enfermedades.”  Esto suena tan atractivo y parece ser una causa tan noble que completas denominaciones han sido sumergidas en ésta herejía satánica.

¿No es el decir “satánico” un poco fuerte? ¡No!  Satanás fue el primero en preguntar “¿Acaso Dios ha dicho?”  Sus seguidores son identificados cuando ellos tratan de ignorar, desafiar y cambiar la inmutable verdad de Dios.  Uno puede ser encarcelado por decir estas palabras tan fuertes.  Tal vez no ahora, pero tal día va a llegar más pronto de lo que uno se imagina.

El afirmar que uno conoce lo que Dios ha dicho, el seguir Sus mandatos y el oponerse valientemente a los errores que son enseñados por aquellos que están apartados de la Verdad de Dios, es hoy en día un pecado imperdonable ya sea en el mundo o en la iglesia.  La tendencia global es definitivamente hacia la unidad política y religiosa a todo costo.  A medida que esta tendencia aumenta en ímpetu, cualquier persona que tenga la integridad moral y espiritual para defender la Biblia será vista como un individuo que merece estar encarcelado y que también merece la pena capital por ser un obstáculo a la unidad global que es la única esperanza a la cual el mundo y la iglesia se están aferrando en una desesperada asociación.

En lo que se refiere a los verdaderos cristianos, cualquier compromiso con el Ecumenismo sería una herejía y tampoco no podría ser posible por la firme declaración de Cristo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6).  No existe ninguna manera de tratar de suavizar o alterar esta declaración.  Y con la misma fidelidad los apóstoles declararon: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:12).  Nosotros como sucesores que somos, tenemos la obligación de declarar lo mismo.

En contraste, los lacayos de Satanás, siendo fieles a su amo, claman: “¡Usted no puede decir eso!”  Sus otros sirvientes, ya sea en los cuerpos legislativos o en las cortes de justicia, están determinados a promulgar una ley en la cual sería un crimen internacional el sugerir que una “fe” reconocida por el mundo (aunque tal “fe” contradiga otras parecidas) pueda estar errada en algún aspecto.  La Biblia puede que muy pronto sea declarada ilegal porque condena todas las religiones que no son cristianas.  Pero esto es la naturaleza innata de la Biblia, y por la que nosotros no debemos disculpamos, ni pedimos disculpas a nadie y tampoco hacemos ninguna clase de ajuste a nuestras creencias para poder estar “religiosamente correcto.”

Simón Greenleaf, una de las personas eruditas en asuntos legales, quien se convirtió del agnosticismo a la creencia en Cristo, declaró hace aproximadamente 180 años:

“La religión de Jesucristo está dirigida directamente al derrocamiento de todas las otras religiones existentes en el mundo; denunciando lo que está inadecuado para las necesidades del hombre, denunciando la falsedad de sus cimientos y el peligro de sus tendencias... Estas no son cosas de poca importancia; y realmente no es posible que una persona racional y con sentido común, vea esta religión, esta relación con Cristo con poco interés y mucho menos con indiferencia y desprecio.”

Nosotros no seguimos a nadie excepto a nuestro Señor Jesucristo y a Sus apóstoles.  Pablo declaró: “Por tanto os ruego que me imitéis... así como yo de Cristo” (1 Corintios 4:16; 11:1).  Nuestro Señor continuamente se refirió y citó el Antiguo Testamento, las únicas Escrituras que existían durante Su tiempo aquí en la Tierra y eso era todo lo que Él necesitaba para proclamar el evangelio en ése entonces y hoy en día: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de Él decían” (Lucas 24:27).

Nosotros, por nuestra parte, debemos seguir Su ejemplo en ser testigos de Él, como lo hizo Pablo.  Él predicó “el evangelio de Dios, que Él había prometido antes por Sus profetas en las santas Escrituras, acerca de Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era de linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:1-1).  El verdadero evangelio fue fundado sobre cientos de profecías que no pueden ser cambiadas.  ¡Ay de aquellos que alteran el evangelio de Dios!.

Declarando que el evangelio que Él había predicado era “de acuerdo a las Escrituras” (1 Corintios 15:3, 4), Pablo afirmó una vez más que el evangelio está tan firmemente anclado en todo el Antiguo Testamento que no podría ser alterado sin destruir las Escrituras.  Este es el testimonio de toda la Biblia.  Aquellos que se atreven a alterar la Palabra de Dios en cualquier forma, están negando a Dios mismo.  Lo que ellos están diciendo es que Dios no sabía el futuro, que Su plan de salvación no es ya adecuado para el hombre moderno, y que los teólogos de hoy en día deben arreglar la confusión en la que Cristo dejó a Su iglesia.  En otras palabras, el Dios de la Biblia no es el verdadero Dios y los líderes de las iglesias emergentes afirman que todo debe ser “reinventado” para producir una nueva teología adecuada para nuestros tiempos modernos.

Pablo nunca buscó un acercamiento o una acomodación religiosa o política con nadie.  Él y Silas fueron acusados de “haber trastornado al mundo entero” (Hechos 17:6).  Los apóstoles no hicieron ninguna alianza en complicidad con nadie; ellos siguieron las órdenes que Cristo les había dado.  Ellos sabían y sin ningún titubeo proclamaban “la verdad que está en Jesús” (Efesios 4:21) con valentía y gran poder y con mucha disputa y controversia.

¿Disputa? ¿Controversia? ¡Sí! Estas palabras describen la mayor parte de la vida y del ministerio de los apóstoles, y especialmente del ministerio y vida de Pablo, pero esto es ahora pisoteado por las botas que están marchando al unísono con el movimiento ecuménico.  La realidad de que Pablo y los primeros líderes y mártires emplearon tanto tiempo en disputa y controversia pública nos dice mucho lo que hace falta entre los cristianos de hoy en Día, ¿o tal vez deberíamos llamarlo el “Cristianismo de Hoy”?  Consideremos estas expresiones “incorrectas religiosamente”, inflexibles, intransigentes, declaraciones “negativas” cimentadas en profecía:

ESTEBAN: “¡Tercos, duros de corazón y torpes de oídos! Ustedes son iguales que sus antepasados: ¡Siempre resisten al Espíritu Santo!... ustedes que recibieron la ley promulgada por medio de ángeles y no la han obedecido” (Hechos 7:51, 53).

PEDRO:  “¡Tu dinero perezca contigo... tu corazón no es recto delante de Dios.  Arrepiéntete, pues de esta maldad...”(Hechos 8:18-24).

PABLO:  “Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo” (Hechos 9:22).

PEDRO:  “De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en Él creyeren, recibirán perdón de pecados por Su nombre” (Hechos 10:43).

PABLO:  “De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel. Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle... Y habiendo cumplido todas las cosas que de Él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro” (Hechos 13:23-29).

PABLO:  “Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos” (Hechos 17:2); “Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían” (Hechos 17:17); “Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos” (Hechos 18:4) “y entrando en la sinagoga, discutía con los judíos” (Hechos 18:19).

APOLOS:  “con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo  “ (Hechos 18:28).

PABLO:  “ Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios” (Hechos 19:8);  “discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno.  Así continuó por espacio de dos años...” (Hechos 19:9-10);  “por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno” (Hechos 20:31); “al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó...” (Hechos 24:25); “Persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas” (Hechos 28:23).

Recientemente estuve involucrado en tres debates en la ciudad de Toronto: con un líder Hindú, con un ateísta profesor de filosofía y con un Imán Musulmán, quien debate con cristianos por todo el mundo.  ¿Es esto lo que Cristianos se suponen que deben hacer? ¿Es esto productivo? ¿Cómo podemos “estar en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18) mientras que estamos en desacuerdo con creencias opuestas?

Las Escrituras mencionadas anteriormente nos muestran que la discusión con los no creyentes era la vida de Pablo y su ministerio.  Él dijo que lo siguiéramos.  ¿En qué otra manera podríamos cumplir con la Gran Comisión?

No existe una revelación que nos afecte más que el tener en cuenta que Dios, es de tal naturaleza,  que la miseria del hombre caído lo refrenó, lo restringió, le obligó,  a poner a un lado Su gloria celestial, convertirse en hombre, para soportar, resistir, llevar, aguantar nuestro pecado y nuestro dolor, y por Su muerte derrotar a la muerte y poder dar a los agonizando pecadores, la divina y eterna vida.  Cada persona quien por fe recibe esta vida está bajo la misma necesidad como la persona de quien le dio tal vida, por lo tanto, de esta forma cada cristiano es por naturaleza un misionero.  El verdadero cCristiano escucha en su alma, como un mandato irrefutable, las siguientes palabras: “Ve hacia todo el mundo y predica el evangelio a cada criatura” ( La Iglesia Peregrina).

Cada discípulo verdadero debe obedecer la Gran Comisión: “Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes” (1 Pedro 3:15).  El Señor le dará a aquellos con corazón dispuesto, las oportunidades, la sabiduría, la humildad, la gracia y el poder para ser auténtico a Su llamado.

    “PABLO ES DISPUTADO...”Hechos 17:17, etc