EL EVANGELIO NO ES NEGOCIABLE | thebereancall.org

TBC Staff

¿Cuáles son las "buenas noticias" del Evangelio, y de qué nos salva? Para responder a esa pregunta, debemos comenzar en el Jardín, porque fue allí, en el ambiente más perfecto que el corazón de amor de Dios y Su poder creativo pudo haber diseñado, que el pecado tuvo su terrible comienzo. 

Rodeados de belleza, satisfechos por la abundancia, y disfrutando de la comunión de su Creador y Amigo, nuestros primeros padres cayeron sin embargo en las seductoras mentiras de la Serpiente. "Seréis como dioses" fue la promesa de Satanás, mientras que Adán, en lealtad a Eva, a quien amaba más que a Dios mismo, se unió a su desobediencia y comió del fruto prohibido (1 Timoteo:2:14). 

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). 

La muerte no sólo termina esta corta vida terrenal; separa al pecador de Dios para siempre. Sin embargo, en Su infinito conocimiento previo, sabiduría y amor, Dios ya había planeado cómo restauraría la vida y reuniría a la humanidad consigo mismo. 

Sin dejar de ser Dios, se convertiría en un hombre, a través de un nacimiento de virgen. Sólo Dios podía ser el Salvador (Isaías 43:11; 45:21, etc.), así el Mesías tenía que ser Dios (Isaías 9:6; Isaías 45:15; Tito 1:3, 4, etc.). Moriría por nuestros pecados para pagar la pena exigida por Su justicia: "¡Es todo un misterio, el inmortal muere!" el escritor de himnos Charles Wesley declaró. Entonces resucitaría de entre los muertos para vivir en aquellos que creyeran y lo recibieran como su Señor y Salvador. El perdón de los pecados y la vida eterna serían suyos como un don gratuito de Su gracia. Siglos antes de Su encarnación, Dios inspiró a los profetas del Antiguo Testamento a declarar Su plan de salvación eterno e inmutable. 

Se habían proporcionado criterios definitivos por los cuales se identificaría al Salvador venidero. Jesús y Sus apóstoles no inventaron una "nueva religión". ¡El Cristianismo cumple decenas de profecías específicas y, por lo tanto, se puede obtener de la Escritura! Así que no era un nuevo evangelio que Pablo el apóstol predicó, sino "el evangelio de Dios (que había sido prometido anteriormente por Sus profetas en las Santas Escrituras) concerniente a Su Hijo Jesucristo..." (Romanos 1:1-3). 

Por lo tanto, los Bereanos podían verificar el mensaje de Pablo mediante el Antiguo Testamento (Hechos 17:11); y podían usar a los profetas Hebreos, que se leían en la Sinagoga cada día de reposo, para demostrar que Jesús era el Mesías prometido (versículos 2, 3). Ni Buda ni Mahoma ni nadie más, ¡sólo Cristo tiene las credenciales requeridas! El cumplimiento de decenas de profecías específicas de la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret debe ser una prueba absoluta de que Él es el verdadero y único Salvador. 

En Hebreos 2:3, se hace la pregunta vital: "¿Cómo escaparemos, si descuidamos tan grande salvación?" La respuesta es bien clara: no hay escapatoria. La Biblia deja muy claro ese hecho solemne. Rechazar, agregar, tomar o de otra manera pervertir o abrazar un sustituto al "evangelio de Dios" es perpetuar la rebelión iniciada por Adán y Eva y por lo tanto producir una eterna separación de Dios y Su ofrecida salvación. 

No es de extrañar que Pablo escribiera: "Conociendo por lo tanto el terror del Señor, persuadimos a los hombres..." (2 Corintios 5:11). ¡Así que nosotros también debemos persuadir a los hombres a través del Evangelio! El "evangelio de vuestra salvación" (Efesios 1:13) "en el que estáis; por el cual también sois salvos" (1 Corintios 15:1, 2) es simple y preciso, sin dejar lugar a malentendidos o negociaciones: "que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día…” (Versículos 3, 4). 

Este "evangelio eterno" (Apocalipsis 14:6) fue prometido "antes de que comenzara el mundo" (2 Timoteo 1:9; Tito 1:2) y no puede cambiar con el tiempo o la cultura. No hay otra esperanza para la humanidad, ninguna otra manera de ser perdonada y traída de regreso a Dios, excepto a través de esta "puerta estrecha y camino angosto" (Mateo 7:13,14). Cualquier otro camino más amplio conduce a la perdición. 

El único verdadero "evangelio de la gracia de Dios, "que Dios ofrece como nuestra única salvación, tiene tres elementos básicos: 

1.-) ¿Quién es Cristo? Es Dios plenamente y hombre perfecto, sin pecado en una sola persona (si fuera menos, no podría ser nuestro Salvador). 

2.-) ¿Quiénes somos nosotros? Somos pecadores sin esperanza alguna, ya condenados a la muerte eterna (o no tendríamos que ser salvos). 

3.-) ¿Qué logró la muerte de Cristo? Logró el pago total de la pena por nuestros pecados (cualquier intento, de parte de nosotros de pagar esa pena, rechaza la Cruz). 

Cristo nos ha mandado a "predicar el Evangelio (¡buenas noticias!) a toda criatura (persona)" (Marcos 16:15). ¿Qué respuesta se requiere? Tanto como ésta desesperada pregunta, al igual que la respuesta, no tiene nada de complicado y se nos ha dado en las Escrituras: "¿Qué debo hacer para ser salvo? ... Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo" (Hechos 16:30, 31). Ni la religión ni el ritual ni las buenas obras servirán. Dios nos llama a creer. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe" (Efesios 2:8), quien crea en Él no perecerá, sino que tiene vida eterna (Juan 3:16). 

Este evangelio es solamente lo único que salva a los que lo creen. Nada más salvará. Por lo tanto, debemos predicar el Evangelio. Pablo dijo: "Ay de mí, si no anunciare el Evangelio" (1 Corintios 9:16). Los llamamientos sentimentales para "venir a Jesús" o "tomar una decisión por Cristo", no sirven de nada, si el Evangelio no se explica y se cree claramente. Muchos se sienten atraídos por Cristo debido a Su carácter admirable, noble martirio o porque cambia vidas. Esos conversos no han creído en el Evangelio y, por lo tanto, no son salvos. ¡Esta es la enseñanza solemne de la Escritura¡(Juan 3:16). 

Pablo dijo que "el evangelio de Cristo... es el poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree" (Romanos 1:16). También lo llamó "el Evangelio... por el cual también sois salvos" (1 Corintios 15:1, 2); y "el evangelio de tu salvación" (Efesios 1:13). Claramente, a través de estas y otras Escrituras, la salvación sólo viene por creer en el Evangelio. Cristo dijo a Sus discípulos “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15), un evangelio que la Biblia define con precisión. 

La salvación viene en los términos de Dios y por Su gracia, y no negociamos el Evangelio ni con Dios ni con los demás. "El Padre envió al Hijo para ser el Salvador del mundo" (1 Juan 4:14). La salvación es una obra de Dios y de Su Hijo. O lo creemos o lo rechazamos. No "dialogamos" al respecto. También se llama el "evangelio de Cristo" (Marcos 1:1; Romanos 1:16; 15:19; 1 Corintios 9:12, 18; 2 Corintios 4:4; 9:13; 10:14; Gálatas 1:7; Filipenses 1:27; 1 Tesalonicenses 3:2; 2 Tesalonicenses 1:8). Él es el Salvador, y la salvación es Su obra, no la nuestra, como dijeron los ángeles: "os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11). 

Pablo especifica el evangelio que salva: "Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios15:3, 4). "Yo soy la puerta", dijo Cristo: "el que por mí entrare, será salvo” (Juan 10:9). El Evangelio no contiene nada sobre el bautismo, la membrecía o la asistencia a la Iglesia, el diezmo, los sacramentos o los rituales, la dieta o las vestimentas. Si añadimos algo al Evangelio, lo hemos pervertido y así entramos bajo el anatema de Pablo en Gálatas 1:8, 9. 

El Evangelio tiene que ver con lo que Cristo ha hecho. No dice nada acerca de lo que Cristo debe hacer todavía, porque la obra de nuestra redención ha terminado. "Cristo murió por nuestros pecados". El suyo fue un acto pasado, que nunca se repetirá, porque Cristo declaró triunfalmente: "¡Consumado es! (Juan 19:30). 

Tampoco dice nada sobre lo que debemos hacer, porque no podemos hacer nada. " nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia” (Tito 3:5); “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2: 8, 9). En lugar de obras, el Evangelio requiere fe. Es el poder de Dios para la salvación de los que creen; "mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:5). “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). 

El Evangelio es una espada de dos filos ya que declara: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna," y el mismo versículo también dice: "Y el que no crea el Hijo no verá la vida; pero la ira de Dios permanece sobre él" (Juan 3:36). Aquí llegamos a la parte más difícil del Evangelio de aceptar: que aquellos que no creen se pierden eternamente, sin importar las buenas obras que hagan. 

Las razones de este hecho se basan tanto en el amor de Dios como en Su justicia. La justicia de Dios requiere que se pague la pena infinita por el pecado. Si el pago no se cumpliera estaríamos separados de Dios para siempre, así que Dios se convirtió en un hombre a través del nacimiento por una virgen para pagar la pena por nosotros. Nadie puede quejarse contra Dios. Ha demostrado Su amor haciendo todo lo que ha podido por nuestra salvación. Él mismo ha pagado la pena y sobre esa base puede ser a la vez "justo, y el justificador de aquel que cree en Jesús" (Romanos 3:26). 

Cristo suplicó en el Jardín: "Si es posible (es decir, si hay otra manera en que la humanidad puede ser salvada), que esta copa pase de mí" (Mateo 26:39). Sabemos que no hay otra manera, o Dios no habría requerido que Su Hijo amado llevara la mayor carga de Su ira contra el pecado. El hecho de que los hombres clavaron a Cristo en la cruz sólo nos condenaría. Pero en la cruz, cuando el hombre estaba haciendo lo peor a su Creador, Cristo pagó la pena por nuestros pecados en su totalidad. Solo si aceptamos ese pago a nuestro nombre, podemos ser salvos. 

"No hay otro nombre bajo el cielo dado entre los hombres, por el cual debemos ser salvos" (Hechos 4:12); "¿Qué debo hacer para ser salvo?... Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo" (Hechos 16:30, 31). "Creer en el Señor Jesucristo" incluye quién es y qué ha hecho. 

Jesús dijo: “… Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que YO SOY (este es el nombre de Dios, Yahweh), en vuestros pecados moriréis” (Juan 8: 23, 24). Jesús mismo dice que debemos creer que Él es Dios, porque es; y nadie menos que Dios podría salvarnos. Debemos creer que Él, sin pecado, "murió por nuestros pecados" y fue sepultado; y que se levantó corporalmente de la tumba. Sólo creyendo en éste Evangelio seremos salvos. Así dice la Palabra de Dios. 

¿Por qué ni siquiera una Madre Teresa puedo llegar al cielo con buenas obras? Porque todos somos pecadores; y porque una vez que hemos quebrantado uno sólo de los mandamientos de Dios, somos "culpables de todos" (Santiago 2:10); y "por los acciones de la ley no se justificará ningún ser himano delante de Él" (Romanos 3:20). Mantener la ley perfectamente de ahora en adelante, nunca podría compensar por haberla quebrantado. 

Para que Dios conceda la salvación por cualquier otro medio, que no sea la fe en Cristo, sería un insulto a Aquel a quien el Padre insistió que tenía que padecer Su ira como sacrificio por el pecado. Además, Dios estaría profanando Su propio código de justicia y no cumpliendo Su Palabra. No, ni siquiera Dios mismo podría salvar al "santo" más notable de la tierra. La sangre de Cristo sólo sirve para los pecadores arrepentidos. Oswaldo Chambers advirtió que, en nuestro afán por conseguir que la gente aceptara el Evangelio, fabricamos un evangelio aceptable para las personas y producimos "conversos" que no se salvan. 

La perversión más popular de hoy es el evangelio "positivo", que está diseñado para no ofender a nadie con lo que sabemos es la verdad. Uno de los televangelistas más populares, por ejemplo, ha dicho que es degradante llamar a alguien pecador y que Cristo murió para restaurar la dignidad y la autoestima en el ser humano. Se hace alarde de haber ganado muchos para Cristo con ese mensaje seductor, pero tal evangelio no salva a los pecadores. 

A menudo se hacen llamamientos evangélicos para “venir a Cristo" por las razones equivocadas: para obtener salud física, ser feliz, ser exitoso, para restaurar un matrimonio, o para manejar el estrés. Otros predican un evangelio tan diluido o pervertido que engaña a muchos y les hacen creer que son salvos. ¡Ningún fraude podría ser peor, porque las consecuencias son eternas! La religión, y no el ateísmo, es la principal arma de Satanás. “… el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4). 

Para combatir "el evangelio de la gracia de Dios" (Hechos 20:24), el gran engañador tiene muchos evangelios falsos, pero todos tienen dos rechazos sutiles de la gracia en común: ritual y/o auto-esfuerzo. El ritual hace de la redención un proceso continuo, realizado por un sacerdocio especial; y el auto-esfuerzo le da al hombre un papel para poder ganar su salvación. El uno niega la finalidad de la cruz. El otro niega Su suficiencia. Cualquiera de los dos roba a Dios de la singularidad del don que desea otorgar al hombre caído: " Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). TBC