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TBC Staff

VENGA TU REINO

Enero 2022

Escrito por el Personal del Llamamiento Bereano (The Berean Call – TBC) (Publicada originalmente en Enero de 2000)

Esta frase está contenida en la llamada "Oración del Señor"; que, de hecho, no es la oración del Señor (como se encuentra en Juan 17), sino la oración de los discípulos. Difícilmente hubiera sido apropiado que nuestro Señor orara: “Perdónanos nuestros pecados... y no nos dejes caer en la tentación"; (Lucas 11:4). Tampoco es una oración que deba repetirse una y otra vez, sino más bien un modelo de oración para los discípulos: "Vosotros, pues, oraréis así” (Mateo 6:9). Cuando Jesús dio este modelo para la oración, les dijo a sus discípulos: “No uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos” (v. 7). Sin embargo, "Oración del Señor” generalmente se usa exactamente de esa manera, repetida de memoria con poco pensamiento en su significado profundo.

Contrariamente a algunos que predican el “evangelio de la prosperidad”, no debemos pedir bendiciones terrenales para nosotros mismos, y mucho menos riquezas, sino solo provisiones suficientes para cada día (“El pan de cada día dándonoslo hoy…”); y ser guardados del pecado para vivir para la gloria de Dios (“mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder y la gloria”. Sin embargo, ¡cuán rara vez pensamos en Su gloria, mientras lo bombardeamos continuamente con infinitas solicitudes para satisfacer nuestros propios deseos!

“Venga tu reino" es el corazón de este modelo para la oración, y debe ser la pasión de nuestras vidas. Sin embargo, ¿para cuántos de nosotros es esto cierto? ¿No hemos olvidado en gran medida el reino eterno de Dios en la búsqueda de nuestras propias ambiciones temporales?

¿Recuerdan la histeria durante la víspera del milenio? ¿y cuántos Cristianos quedaron atrapados en ella a principios de siglo, gastando tiempo, dinero y esfuerzo innecesarios para asegurarse de comida, calor y protección? Lamentablemente, las vidas de muchos casi fueron arruinadas, su testimonio Cristiano estropeado, y nuestro Señor y Su Palabra ridiculizados como resultado de sus temores irracionales de un misterioso “bicho"; ¡que creían que tenía el poder de cerrar el mundo!

Más recientemente, los ministros de fe de la palabra como Jim Bakker continúan beneficiándose del alarmismo, vendiendo paquetes de alimentos de supervivencia que a menudo son más caros que los mismos artículos que se podrían comprar en otros lugares por menos precio. ¿Cuánto mejor es haber prestado atención a la advertencia de nuestro Señor de no estar ansiosos, y estar lamentándonos: “¿Qué comeremos?”o "Qué beberemos?"o “...pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:25-34).

“¡Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia!” Aquí tenemos el patrón de vida para ir con el patrón de oración. Pero, ¿qué es este reino que debemos buscar, consumidos por la pasión, “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra"(Mateo 6:10)? ¿Qué quiso decir Cristo con sus frecuentes referencias al “reino"?

Cristo se refirió tanto al "reino de los cielos” (que se encuentra sólo en Mateo) como al "reino de Dios”. Significativamente, las mismas cosas se dicen acerca del reino de Dios en los otros Evangelios, que Mateo declaró con respecto al reino de los cielos. Por lo tanto, solo podemos concluir que son lo mismo.

Por ejemplo, en Mateo 4:17, Jesús predica: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”, mientras que en Marcos 1:15 Él dice: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”. En la presentación de Mateo del Sermón del Monte, Jesús comienza con “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (5:3). Pero en Lucas, Jesús comienza el Sermón del Monte con “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios” (6:20). Para más estudio, compare Mateo 8:11 con Lucas 13:28-29; Mateo 13 con Marcos 4 y Lucas 8; Mateo 18:1-4 con Marcos 10:14-15 y Lucas 18:16-17, etc.

Generalmente se asume que el "reino” se refiere al reinado milenario de Cristo. Él prometió a Sus doce discípulos: “Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (¡las diez tribus no se perdieron después de todo!) (Mateo 19:28). 

Ciertamente, este no es un reinado espiritual, sino literal que se establecerá en la segunda venida de Cristo cuando Sus pies toquen el Monte de los Olivos (Zacarías 14: 4, Hechos 1: 11) cuando Él venga a rescatar a Israel en medio del Armagedón (Zacarías 12-14). Entonces "todo ojo  lo verá” (Apocalipsis 1:7) viniendo a la tierra “con poder y gloria” y los ángeles “reunirán a sus elegidos [es decir, los Judíos, Isaías 45:4, etc.] de los cuatro Vientos” (Mateo 24:29-31) para traerlos de todo el mundo a Israel para compartir el reino milenario. Habiendo destruido al Anticristo y su reino en Su segunda venida (2 Tesalonicenses 2:8), Cristo rescata a Israel en medio del Armagedón (Zacarías 12, 14) y asciende al trono de David (2 Samuel:7:13; Ezequiel 37:24-26, Lucas 1:32), desde donde Él gobernará el mundo por 1,000 años (Apocalipsis 20:2-6).

En artículos y libros anteriores hemos discutido muchas de las señales que Cristo dio para indicar la cercanía de Su regreso a la tierra: Israel de vuelta en su tierra (Ezequiel 38:11-23; Zacarías 12, 14, etc.), armas capaces de destruir toda la vida (Mateo 24:22), la tecnología para que un dictador mundial controle el mundo militarmente (Apocalipsis 13: 4, 7), y controle toda la banca y el comercio (vv. 16-17), etc. El hecho de que estas señales ya nos confronten, solo puede significar que el Rapto, que precede a la Segunda Venida, no puede retrasarse mucho más.

¡No hay señales para el Rapto, por lo tanto podría ocurrir en cualquier momento! Es por eso que Jesús advirtió repetidamente a Sus discípulos que estuvieran listos para Su repentino regreso, que de otra manera los tomaría por sorpresa: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor…  Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:42,44).

“Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida… Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá” (Lucas 12:35-40).

Debido a que no tiene la intención de sorprender a nadie, la Segunda Venida debe ser un evento separado del Rapto. Por lo tanto, está precedido por muchas señales. Refiriéndose a su segunda venida, Jesús declara en el discurso de los Olivos: “Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, (la Segunda Venida) a las puertas” (Mateo 24:33). Cuando todas las señales se hayan cumplido, quedará muy claro que Cristo está a punto de regresar a la tierra. Incluso el Anticristo sabrá y saldrá con sus ejércitos para repeler la invasión de Cristo desde el cielo: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea… Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”.

“Y vi a la bestia (Anticristo), a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta… Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre” (Apocalipsis 19:11-20).

Otra señal importante que precede a la Segunda Venida es un renacimiento del Imperio Romano en todo el mundo. Esto queda claro en la interpretación de Daniel de la imagen del gigante en el sueño de Nabucodonosor (Daniel 2). Representaba cuatro imperios mundiales: el Babilónico, el Medo-Persa, el Griego y el Romano. Cada uno de los tres primeros tuvo un sucesor, pero el Imperio Romano no; nunca murió, y está en proceso de ser revivido.

Roma se dividió en dos como predijeron las dos piernas del gigante: políticamente en el año 330 D.C., cuando Constantino trasladó su capital a Bizancio, que había capturado en 328 D.C. y renombrado Constantinopla; y religiosamente en el año 1054 D.C. entre el Catolicismo Romano en Occidente y la ortodoxia en Oriente cuando el Papa León IX excomulgó imperiosamente a Miguel Cerulario, Patriarca de Constantinopla.

Los diez dedos de los pies unidos a las dos piernas corresponden a los diez cuernos de la cuarta bestia, que Daniel:7:24 dice que son diez reyes. Falta en la historia, sin embargo, cualquier registro de diez reyes reinando simultáneamente sobre Roma. Por lo tanto, Roma, el cuarto reino, debe ser revivido con diez sub- gobernantes bajo el Anticristo. Ese es el reino mundial que Cristo destruye para establecer Su reinado milenario. Una vez más, esto queda claro en la imagen de Nabucodonosor. Inmediatamente después de su descripción de los pies y los diez dedos de los pies (Daniel 2: 40-43) el versículo 44 declara: “Y en los días de estos reyes (representados por los diez dedos de los pies) el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”. Una “piedra cortada sin manos” rompe la imagen, se convierte en una gran montaña y llena toda la tierra (vv. 34-35). Estos eventos deben ser futuros: es decir, “en los días de estos reyes”.

Esta piedra sólo puede ser Cristo, y la gran montaña Su reino eterno. El aplastamiento de la imagen por la piedra significa claramente que el reino de Cristo será establecido por Su repentina intervención personal del cielo, para destruir el reino del Anticristo, no por la iglesia que gradualmente se apodera del mundo como muchos enseñan. ¡Qué locura imaginar que se supone que la iglesia debe establecer el Reino o afirmar, como muchos lo hacen, que el Reino ya ha sido establecido en la tierra y Cristo lo está gobernando desde el cielo!

A menudo hemos advertido acerca de un hecho muy importante y es de aquellos que se dedican a intentar limpiar la sociedad y establecer el reino de Dios en la tierra; éstos individuos están facilitando la obra del Anticristo, porque su reino se establecerá antes del reinado milenario de Cristo. De hecho, un propósito importante de la segunda venida de Cristo (en contraste con el Rapto en el que Él lleva a Su novia al cielo) es destruir al Anticristo y su reino: “ Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida” (2 Tesalonicenses 2:8).

La apariencia del Anticristo obviamente no es como la de un ogro malvado que generalmente se cree que es, sino que éste personaje será tan atractivo y popular que lo adorarán “todos los moradores de la tierra”(Apocalipsis 13: 8). Su reino comenzará en paz y prosperidad. Trágicamente, multitudes están siendo desviadas por líderes en el movimiento de "señales y maravillas” que afirman usar “milagros” para establecer el Reino; y creen que sólo cuando lo hayan hecho Cristo regresará para gobernar sobre el reino que han establecido en Su nombre. Aquellos que rechazan el Rapto y buscan un "Cristo”, que viene a esta tierra para reinar sin antes llevar a la iglesia al cielo se están preparando para abrazar al Anticristo y su reino.

Aquellos que creen en el Rapto no pueden ser tentados a buscar un "Cristo” que venga a gobernar el "reino" que han establecido. Esperan “encontrarse con el Señor en el aire" (1 Tesalonicenses 4:17) sobre la tierra para ser llevados al “, pero las Escrituras dicen: "los muertos en Cristo serán resucitados... nosotros que estamos vivos... serán arrebatados junto con ellos...”(1 Corintios15:51-57; 1 Tesalonicenses 4:13-18) para ser llevado a la casa de Su Padre (Juan 14:1-3).

Las grandes esperanzas que se depositan en el nuevo milenio que ahora se celebra (que en realidad comienza el 1 de enero de 2001) sólo aumentarán los delirios satánicos que ciegan los ojos de los incrédulos. Una vez que la fecha del milenio ya haya pasado, y con el nuevo software y el equipo de alta tecnología desarrollada, habrá una explosión de tecnología para reforzar la creencia de la humanidad de que ya no necesita a Dios. El ecumenismo dará pasos gigantescos y menos creyentes esperarán el Rapto. El Papa (el Catolicismo niega el Rapto) tiene grandes planes para lo que él llama “El tercer milenio del Cristianismo”. Lamentablemente, muchos evangélicos están adoptando la misma terminología. Los planes ambiciosos para el nuevo milenio empujarán el reino de Cristo aún más atrás en la mente de muchos creyentes. (¡Estas predicciones que Dave Hunt hizo en el año 2000 ya se han cumplido!).

Sorprendentemente, el reinado milenario de Cristo no es el Reino supremo por el cual debemos orar. Cristo le dijo a Nicodemo inequívocamente: “A menos que un hombre nazca de nuevo, no puede (ni siquiera) ver... (mucho menos) entrar en el reino de Dios" (Juan 3:3-5). También se nos dice que “la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios” (1 Corintios 15:50). Sin embargo, habrá muchas personas de carne y hueso viviendo durante el Milenio, y entre ellas multitudes que no han nacido de nuevo del Espíritu Santo. Además, la Biblia declara repetidamente que el reino de Dios es ”un reino eterno” (Salmo 145:13; Daniel:4:3, 7:27); que Cristo reinará "el trono de su padre David... sobre la casa de Jacob (Israel) para siempre; y de su reino no habrá fin (Lucas 1:32- 33).... Del aumento de su gobierno y de la paz no habrá fin...”(Isaías 9:7). Pero el Milenio dura sólo 1,000 años, y su paz termina con la guerra final de la tierra.

El Milenio, de hecho, es la prueba final del egocéntrico e incorregible corazón humano. Ya nadie puede quejarse de que solo Adán y Eva tuvieron la oportunidad única de vivir en el Paraíso y que si solo ellos (los que se quejan) hubieran estado allí, no habrían pecado. Miles de millones vivirán en un Paraíso aún mejor porque Cristo lo gobernará y Satanás estará encerrado durante 1,000 años. Sin embargo, cuando finalmente sea liberado, Satanás “saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra”. Y atacarán a Jesucristo en Jerusalén (Apocalipsis 20: 7-9).

El verdadero reino de Dios, con paz sin fin, sólo llegará a los nuevos cielos y a la nueva tierra. Pablo escribe: “Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre” (1 Corintios 15:24). Aquí vemos que Cristo no se refirió al Rapto cuando dijo: "Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). Obviamente, el Rapto no es “el fin” al que Cristo se refirió, sino lo que Pablo explica.

Que lo que ha sido para muchos una "vana repetición” se convierta en una pasión por la oración sin cesar: “Venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Que nuestros corazones se vuelvan de la tierra para buscar primero el Reino supremo en el que el cielo y la tierra son uno en la nueva creación, la rebelión es una cosa del pasado y solo la voluntad de Dios se hace verdaderamente, porque se ha convertido en la voluntad de todas las criaturas. Y a medida que esa pasión crezca dentro de nosotros, encontraremos que nuestras voluntades están cada vez más en armonía con la suya: “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Juan 3:3).

TBC