Capítulo 14 - La Esclavitud de la Voluntad | thebereancall.org

TBC Staff

Lutero era sin lugar a duda la figura principal de la reforma en este momento y es con quien los protestantes de hoy tienen la deuda más grande. Aunque muchos otros antes que él, se habían opuesto a Roma, Lutero fue el primero en publicar y distribuir su desafío en toda Europa. Roma siempre había podido silenciar a sus críticos con el soborno o la muerte; Ahora se enfrentaba a un hombre que no podía ser comprado y cuyos argumentos habían inquietado a muchos poderosos y gobernantes locales en su favor, que su asimiento vengativo no pudo llegar a él.

El Papa tenía una última esperanza: que los argumentos de Erasmo ampliamente publicados por los enemigos de Lutero pudiesen persuadir las masas que habían desertado a volver al refugio de la única iglesia verdadera. Después de todo, aunque Erasmo había criticado a la iglesia, él no había sido martirizado, no había abandonado su redil y aún estaba en excelentes términos con el Papa. Y fue él quien señalaba los errores del Dr. Lutero.  Hasta la iglesia estaba dispuesta a conceder que una reforma era necesaria, pero del tipo de reforma que Erasmo y otros favorecían —solo para una corrección de los abusos reconocidos, ¡y no descartar las tradiciones de siglos para volver a empezar desde cero!

Los argumentos presentados por Erasmo fueron poderosamente persuasivos para aquellos que querían permanecer dentro de la antigua religión. El escribía desde la perspectiva Católica Romana, defendiendo el dogma católico, una táctica calculada para fortalecer a los católicos en sus creencias, pero que no sería eficaz para aquellos que ya había aceptado la rebelión de Lutero. Tal vez todo lo que Erasmo quería lograr era adular a quienes podrían premiarlo aún más.

No defendemos a Erasmo, porque  mucho de lo que él dice es aún menos bíblico que algunas de las irracionalidades de Lutero. Aunque él había rechazado la eficacia de los sacramentos y otras prácticas paganas en sus últimas sátiras, Erasmo todavía seguía atado a la herejía de Roma, en que la gracia ayuda al hombre a lograr la salvación por las obras. El escribe: “no lo hace... seguir en aquello que no puede el hombre... prepararse moralmente en las buenas obras para conseguir el favor de Dios”.[1]

Lamentablemente, Erasmo estaba equivocado en cuanto a la salvación, sin importar cuan perspicaces eran sus otras críticas de Roma. Es porque el hombre moralmente no ha podido mantener la ley de Dios (y no puede reparar esa infracción después de quebrantarla, no importa cuán perfectamente lo haga), necesita gracia — favor inmerecido de Dios que no requiere preparación o eficiencia.

Un Duelo Embarazoso

Lutero se lanza sin piedad para atacar a su rival en todo momento. No hay caso en hacer un duelo con el Papa. Ni él, ni sus cardenales, ni obispos escucharán. Al menos con Erasmo, Lutero tiene un antagonista que le escucha y responde y con quien ventila su ira acumulada contra Roma, sobre este hombre que se atreve a defender sus sacramentos blasfemos.

A veces ningún antagonista sostiene el punto. Aunque Lutero claramente es el maestro en cuando a la  exégesis de la escritura, a menudo Erasmo, es el más razonable de los dos. Por ejemplo, Erasmo señala lo qué estamos discutiendo en estas páginas: “Si no está en el poder de cada hombre mantener lo que es ordenado, entonces, todas las exhortaciones de las Escrituras, y todas las promesas, amenazas, reprimendas, reprensiones, suplicas, bendiciones, maldiciones y anfitriones de preceptos, son por necesidad, inútil”.[2]

Lutero responde con gran ridiculez y sin fundamento. Argumenta que los pasajes del antiguo testamento que cita Erasmo “sólo demandan un deber” pero no dicen nada referente a la libre voluntad.[3]  Por supuesto, eso era todo lo que Erasmo quiso demostrar, puesto que la misma implicación del libre albedrío es el proceso natural.  Lutero no pudo citar un solo versículo en la Biblia referente a “la esclavitud de la voluntad”.  Lutero le demanda a Erasmo ¿por qué, si el hombre puede guardar la ley, él (Lutero) debía “trabajar tan duro...? ¿Qué necesidad habría de Cristo? ¿Qué necesidad del Espíritu Santo?”[4]

Erasmo ni siquiera había implicado que no había necesidad de Cristo o del Espíritu Santo. Simplemente sugirió que sería razonable concluir que de las muchas ordenanzas de Dios y su llamado a la razón y la obediencia, que el hombre debe ser capaz de una respuesta voluntaria. Pero Lutero no trata con eso; el simplemente discute fuera del tema, incluso ridiculizando a Erasmo por admitir correctamente que el libre albedrío opera sólo por la gracia de Dios.[5]

Lutero se lanza como un tigre sobre esta admisión, en vez de acordar con Erasmo y razonablemente admitir lo obvio: el hecho de que voluntad necesita gracia no anula el libre albedrío, al igual que la respiración tampoco es anulada, porque también depende de la gracia de Dios. ¡Seguramente el hombre tiene la habilidad y responsabilidad de cooperar con la gracia y el poder de Dios en todo lo que hace!

A lo largo del libro Esclavitud, Lutero es como un matón que no escucha razón alguna. Sin embargo Packer y otros calvinistas alaban la “fuerza dialéctica del potente latín de Lutero”.[6] B. B. Warfield llama Esclavitud “una obra maestra en dialéctica y polémica”.[7] El hecho es que, el libro Esclavitud contiene tantas contradicciones y tanto razonamiento falaz, que uno se pregunta cómo obtuvo tal reputación como un tratado lógicamente redactado.

Además uno se pregunta cómo los evangélicos en sus elogios a Lutero, parecen ignorar  la medida en la cual él vivía engañado por su origen católico romano. Esto era especialmente evidente en su punto de vista, en cuanto a la eficacia de los sacramentos. En su libro, Pequeño Catecismo, el declara que a través de los sacramentos, “Dios ofrece, da y sella para nosotros el perdón de los pecados que Cristo gano por nosotros” (énfasis en el original).[8] Este Pequeño Catecismo se utiliza en casi todas las iglesias luteranas de hoy en día (incluyendo el Sínodo de Missouri) como el libro básico de doctrina.

En respuesta a la pregunta, “¿Qué da, o en que beneficia el bautismo?” el Pequeño Catecismo declara, “Trabaja el perdón de los pecados, libra de la muerte y el diablo y le da la salvación eterna para todos los que creen, como lo declaran las palabras y las promesas de Dios”.[9]  En cuanto a la Cena del Señor o la comunión, Lutero declara, “Es el verdadero cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo en el pan y el vino, para que nosotros los cristianos comamos y bebamos…[10] En el pan, con el pan y bajo el pan, Cristo nos da su verdadero cuerpo; en, con y bajo el vino, él nos da su verdadera sangre…[11] en el Sacramento reciben perdón de pecados, vida y salvación...” (Énfasis en el original).[12]

Así el falso evangelio de sacra mentalismo de Roma sobrevivió a la reforma, y está siendo honrado en muchas iglesias luteranas y calvinistas. Los protestantes que confían en su versión modificada del bautismo de infantes y la cena del Señor para su salvación, están igualmente perdidos como los católicos romanos que confían en los sacramentos de Roma. Reconociendo la visión errada de Lutero de la salvación, puede ayudar a algunos a darse cuenta de que su punto de vista del libre albedrío y la responsabilidad humana pueden estar de igual manera equivocados.

¿En qué está Esclavizada la Voluntad?

En que la voluntad no está esclavizada, está bien claro - contrario a lo que argumenta Lutero en su mayor tratado. El argumento dice;  que la voluntad esta siempre plagada de influencias y por ello prueba que no es libre. Esto ya lo hemos refutado.  El hombre, como lo admite Pablo en el caso de (Romanos 7:7-25), a menudo falla en hacer lo que le gustaría hacer - pero no siempre. Pablo no dice que no puede hacer lo que quiere y mucho menos que su voluntad está esclavizada.

Lutero se imagina que erradica la libertad del ser humano argumentando, “Que no depende de nosotros sino de Dios que trabaja la salvación en nosotros y se deduce que, queramos o no, nada de lo que hagamos tiene significado antes de su obra en nosotros”.[13] Por supuesto que la salvación no es hecha por nosotros; Pero eso no demuestra que no podemos recibir libremente la salvación que Cristo ha forjado como un regalo del amor de Dios. A lo largo de su Tratado, Lutero confunde la habilidad de la voluntad con la capacidad de actuar y erróneamente imagina que ha refutado lo anterior por refutar lo posterior.

Erasmo argumenta que para Dios ordenar a un hombre a hacer lo que no puede, sería como pedirle a un hombre cuyos brazos están atados, a usarlos. Lutero responde que el hombre es “ordenado a extender su mano… para refutar su falsa suposición de la libertad y el poder...” [14] Lutero gana ese pequeño argumento, pero ninguno de ellos se acerca a la Biblia.

Dios no sólo mandó, sino que suplicó con seriedad, persuadió al hombre sin cesar a través de sus profetas, prometiendo y dando la bendición por la obediencia y con la advertencia de traer destrucción por desobediencia, no pueden excusarse con inteligencia ni astuta contestación por parte de Lutero. Además, tenemos numerosos ejemplos a lo largo de las Escrituras de los profetas y reyes y personas ordinarias, desde Enoc a Noé,  Abraham a David y demás, que, aunque no eran perfectos, estaban siendo obedientes y agradando a Dios. ¿Qué pasó con la “Esclavitud de la voluntad” de Lutero en estos casos?

El libro de Proverbios es un enorme tratado que refuta la tesis de Lutero. Salomón está apelando a su hijo “Para entender sabiduría y doctrina, para conocer razones prudentes, para recibir el consejo de la prudencia, justicia, juicio y equidad...” (Proverbios 1:2-3). Él declara que “Oirá el sabio, y aumentará el saber…" (Versículo 5) y exhorta a su hijo, “si los pecadores te quisieren engañar, no consientas” (versículo 10). Exhorta, “No menosprecies hijo mío el castigo de Jehová ni te fatigues de su corrección; porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere” (3:11-12). ¿No son estas exhortaciones persuasivas y apelan a la voluntad?

Todo lo que Salomón escribe es para persuadir a su hijo a que la sabiduría es de ser deseada en lugar de la necedad y que la recompensa por servir a Dios y la justicia supera la recompensa por servir la codicia y los deseos egoístas.  Uno voluntariamente debe prestar atención a la voz de la sabiduría. Porque el Señor corrige como corrige un padre terrenal no es, como insiste Lutero, simplemente para demostrar que ningún tipo de corrección es posible, sino porque el hijo sabio respetará la instrucción - que obviamente se cumple simplemente por un acto de la voluntad. Lutero falla en probar la esclavitud de la voluntad o aun demostrar que es lo que la tiene esclavizada.

La Voluntad debe estar Dispuesta

En vano se busca la palabra esclavitud, para encontrar donde se encuentra literalmente. Cientos de pasajes bíblicos, desde Génesis 24:58 a 1 Samuel:1:11 a 2 Samuel:6:21 – 22 a Salmos 4:8; 5:2 – 3; 9:1 – 2; 18:1; 30: 1; Juan 7:17, etc., claramente indican que el hombre puede hacer la voluntad de Dios. En cantidad de pasajes donde los hombres expresan su voluntad en obedecer y agradar a Dios, y aun probarlo en su desempeño, se destacan por su ausencia. Tampoco Lutero reconoce y mucho menos trata, con el hecho de las repetidas veces en que las palabras “esclavitud” y “atado” suceden en las Escrituras y no son usadas respecto a la voluntad humana.

El argumento de Lutero de la esclavitud de la voluntad admite de su existencia, pero no explica el por qué o cómo o a qué o quién está esclavizada.  Ni Lutero ni tampoco Calvino, explican cómo la voluntad del hombre es libre en una forma independiente, para que pueda creer en el Evangelio. El argumenta que incluso en cristianos, la lujuria “naturaleza humana” es contra el Espíritu, “¿Cómo podría empeñarse en lo bueno aquellos que no son nacidos del espíritu...?”[15]  Esto de ninguna manera prueba la esclavitud de la voluntad.

A veces, incluso un borracho puede determinar por su voluntad estar sobrio. La voluntad no está en un régimen de servidumbre. Los deseos corporales del hombre a veces superan su voluntad. Pero incluso muchos no cristianos tienen voluntad para ser libres de la adicción al alcohol o al tabaco y han tenido éxito.  Otros lo intentaron con su voluntad y fracasaron- pero no porque la voluntad estuviese esclavizada por el pecado; sino por ellos mismos.

La confesión de Westminster dice que el electo viene a Cristo “más libremente, siendo dispuesto  por la gracia de Dios”.  Sin embargo, nadie se hace dispuesto contra su voluntad, pero debe estar dispuesto a que lo dispongan. Dios continuamente apela a la voluntad del hombre (“el que quiera”, etc.).

No pueden negar con sus explicaciones el hecho de que el hombre tenga voluntad, incluso como Agustín y Calvino admitieron, y que todo el mundo experimenta innumerables veces cada día. Nadie puede persuadir al hombre a creer ni hacer nada, si su voluntad no está involucrada — a menos que él sea drogado o hipnotizado. En este punto descubrimos el Talón de Aquiles en la discusión de Lutero (y veremos el mismo problema con Calvino cuando lleguemos a la Elección Incondicional). Una vez que se reconoce que el hombre tiene voluntad, no hay escape para él. Cualquier cambio que se lleva a cabo en un hombre debe involucrarse su voluntad y para que eso ocurra, la voluntad debe estar dispuesta. Si la voluntad estaba en cautiverio y ha sido entregada, entonces la voluntad debe haber sido dispuesta a entregarse. Nos ocupamos de esto más adelante en el siguiente capítulo.

Uso Perjudicial de las Escrituras

Desafortunadamente, Lutero a menudo retuerce las Escrituras para probar su punto. Por ejemplo, tomando una declaración por un salmista referente a un estado temporal de la mente del que se ha arrepentido dice - “Era como una bestia delante de ti” (Salmo 73:22) - él compara la voluntad del hombre a una bestia y se lanza a una analogía que no tiene nada que ver con lo que dice el salmista: “así que la voluntad del hombre es como una bestia puesta entre dos jinetes. Si Dios lo cabalga, su voluntad lo lleva donde la voluntad de Dios quiere... Si Satanás cabalga, su voluntad lo lleva donde la voluntad de Satanás quiere. Ni tampoco puede elegir que jinete cabalgará sobre él; pero los jinetes luchan para decidir quién lo tendrá y quien cabalgará.[16]

¿Entonces Satanás puede derrotar a Dios? ¿Y el hombre no tiene opción de quien será su amo? Entonces ¿por qué Dios dice, “escogeos hoy a quién sirváis” (Josué 24:15)? Y ¿por qué Dios no puede derrotar a Satanás en todos los casos? Lutero (como Calvino) nos obliga a concluir que aquellos que pasaran la eternidad en el lago de fuego, estarán ahí porque Dios no los quiere en el cielo - ¡esta falsedad es una difamación sobre el carácter y el amor de Dios!

Esta analogía errada por parte de Lutero, no procede de ninguna Escritura. El salmista admite que comparaba la prosperidad de los malvados con su propia frustración y siente envidia de ellos. Se dio cuenta que al hacerlo se volvió ignorante como una bestia — no es que su voluntad era como la de una bestia. Sin embargo esta misma metáfora errónea, se utiliza repetidamente por los calvinistas. Y tanto Lutero como Calvino, ignoraron el arrepentimiento del salmista y los múltiples versos a lo largo de las Escrituras, que hacen claro que el hombre responde a Dios en obediencia, por un acto de su propia voluntad.

Lutero es incapaz de distinguir entre la libertad del hombre y la voluntad y su falta de capacidad para llevar a cabo lo que quiere. Pablo dice, “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien esta en mí, pero no el hacerlo” (Romanos 7:18). Obviamente, el hombre es libre para creer en el Evangelio y para recibir a Cristo y esto no requiere una habilidad especial de su parte.

Forzando a las Escrituras Decir aquello que no Dicen

 Lutero cita, "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres..." (Romanos 1:18). Y dice que la declaración de Pablo demuestra que el hombre no puede inducir su voluntad para hacer el bien.[17] Por el contrario, que “la ira de Dios sea revelada contra la impiedad del hombre”, muestra que Dios está enojado con ellos por no hacer aquello que deberían haber hecho, si estuviesen dispuestos.

Lutero cita a Pablo desde el Salmo 14:4: "no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno" (Romanos 3:10-12). Como Calvino diez años más tarde, el hace de esto una declaración absoluta acerca de la necesidad del hombre cuando, en realidad, se refiere a su intención.[18]  Esto último es claro, por la abundancia de las Escrituras diciéndonos del bien hecho incluso por los paganos y en las exhortaciones a los impíos para hacer el bien. En ninguna parte las Escrituras nos dicen que el hombre está en tal esclavitud del mal, que no puede responder en obediencia a Dios. Si fuera lo contrario, no podría ser responsable. Cubrimos esto antes con respecto a la Total Depravación, pero ahora ofrecen varios ejemplos más en las Escrituras.

Abimelec, un rey pagano adorador de los ídolos de los filisteos, pudo decirle a Isaac, “Y como solamente te hemos hecho bien” (Génesis 26:10– 11,29).  Laban, otro adorador de ídolos, obedeció a Dios y se abstuvo de hacer daño a Jacob (Génesis 31:25-29). Los Salmos están llenos de exhortaciones para “hacer el bien” (Salmos 34; 37: 3, etc...). En la mujer virtuosa, se dice que hará a su marido. “Le da ella bien y no mal todos los días de su vida” (Proverbios 31:12). Jesús aconseja a los judíos: “Haced bien a los que os aborrecen” (Mateo 5:44). Hay literalmente decenas de versículos en la Biblia, que indican que los impíos a veces pueden hacer el bien.

Lutero argumenta, “al decir: que el hombre no busca a Dios, es lo mismo que decir: el hombre no puede buscar a Dios...”[19] Repetidamente hace estos errores elementales, ofendiendo con frecuencia a las Escrituras y la razón. Para decir que el Sr. Perez nunca vuelve a la ciudad obviamente no es lo mismo que decir que el señor Perez no puede ir a la ciudad. Podría ser que por alguna razón válida o imaginada el Sr. Perez no quiere o incluso puede tener miedo de ir a la ciudad.

Dios no sólo llama a los hombres en varias ocasiones a lo largo de la Biblia a buscarlo- como ya hemos visto — lo que implica que el hombre puede buscar a Dios — sino que en muchas Escrituras se felicita a quienes lo han buscado y lo han encontrado. Por ejemplo, "Y cualquiera que buscaba a Jehová, salía al tabernáculo de reunión" (Éxodo 33:7). Asa dijo: "porque hemos buscado al Señor nuestro Dios" (2 Crónicas 7:14). Se nos dice de Israel "se convirtieron a Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fue hallado de ellos" (15:4). Esdras le dijo al rey, "la mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan..." (Esdras:8:22). Asaf dice: "Al Señor busque en el día de mi angustia" (Salmo 77:2). Sofonías se refiere a los "los que no han buscado a Jehová" (Sofonías 1:6), está claramente implicando que había algunos que le buscaban y que todos podrían buscarlo, si tan solo lo quisiesen.

Podemos ofrecer muchas más referencias que muestran que los hombres han buscado y encontrado al Señor. Por lo tanto, debemos concluir que el Salmo 14, y la cita de Pablo en Romanos 3, no significan que ningún hombre nunca jamás ha buscado o nunca podría buscar a Jehová. Por el contrario, muestra la actitud general de la humanidad, que está describiendo.

Lutero sigue argumentando que "la doctrina de la salvación por la fe en Cristo refuta ' libre voluntad '".i Eso es absurdo. Por cierto, la salvación por la fe requiere una elección genuina de la voluntad. El Evangelio promete la salvación como un regalo para aquellos que lo reciben y uno debe ejercer el poder de elección o no podría recibir el regalo. El evangelio es una invitación a venir a Cristo, para recibirlo, a los que creen en Él y aceptan su muerte en su lugar, como pago de la pena por sus pecados. El Evangelio es una apelación a la voluntad del hombre: "Venid a mí todos... y el que quiera tome del agua de la vida gratuitamente" (Mateo 11:28; Apocalipsis 22:17).

Confundiendo el Tema

Muchos de los argumentos y Escrituras que Lutero mantiene como apoyo en su libro “Esclavitud”, son irrelevantes a la cuestión del libre albedrío. Consideremos su razonamiento de Romanos 3

Aquí Pablo lanza rayos en contra de la "voluntad". En primer lugar: "La justicia de Dios sin la ley", dice, "se manifiesta". Distingue la justicia de Dios de la rectitud de la ley; porque la rectitud de la fe viene por gracia... sin las obras de la ley (v. 28).

En todo esto es muy claro que la motivación y el esfuerzo del "libre albedrío" son simplemente nulas; por si la justicia de Dios existe sin la ley, y sin las obras de la ley, ¿cómo más podrá existir sin el "libre albedrío"? Por la preocupación suprema del "libre albedrío" en sí mismo, es poder ejercer rectitud moral, las obras de la ley por la cual su ceguera y la impotencia son "atendidos". Pero esta palabra "sin" elimina moralmente las buenas obras y la rectitud moral y nos preparan para la gracia. Imagine cualquier poder que se le ocurra como pertenecientes al "libre albedrío", y Pablo permanece firme diciendo: "¡la justicia de Dios existe sin ella...!" Y ¿qué harán los guardianes del "libre albedrío", dirían lo siguiente: "siendo justificados libremente por su gracia"...? ¿Cómo puede el esfuerzo acordar con una rectitud libremente dada...? La diatriba discutió y recriminó a lo largo de este pensamiento: "¿si no hay libertad de voluntad, qué lugar hay para el mérito? ¿Si no hay lugar para el mérito, qué lugar existe para la recompensa? ¿A qué se lo atribuyen si el hombre es justificado sin mérito?" Pablo aquí nos da la respuesta — no existe tal cosa como el mérito en lo absoluto, pero todos los que están justificados son justificados libremente y esto solamente se atribuye la gracia de Dios.ii

Pero por el contrario, la justicia de Dios "existe sin la ley y sin obras" no tiene nada que ver con si el hombre tiene libre voluntad o no. Por supuesto, que la justicia de Dios es independiente de la voluntad del hombre libre. Dios es justo y esto no prueba ni refuta que el hombre tenga libre albedrío. "sus rayos en contra del 'libre albedrío'" de Lutero son irrelevantes para el tema.

Además, que la justicia no puede venir por obras, también es irrelevante al libre albedrío. Aquellos que creen en el libre albedrío, también afirman que el hombre es "justificado libremente por la gracia." Pero la gracia no puede ser forzada sobre nadie o no sería gracia. Siendo así, se necesita el poder de elección para que el hombre acceda a la gracia de Dios y reciba el regalo de la salvación que Dios ofrece por su gracia.

Erasmo también está equivocado al afirmar que el mérito humano ayuda en la justificación. El esfuerzo humano no tiene parte en la justificación, como muchas Escrituras lo declaran — pero ese hecho, no tiene relación con la cuestión del libre albedrío. Esta sección es típica del razonamiento confuso al que Lutero se dedica en todo el curso de su libro, que Packer y otros elogian, como el mayor tratado de Lutero.

Más Irrelevancia

Lutero presenta algunos argumentos bíblicos excelentes en contra de la salvación por obras, pero eso no tiene nada que ver con si el hombre tiene libre voluntad. Ni hay nada inherente en el evangelio que requiera que voluntad este en cautiverio. Ningún cristiano que cree que el hombre tiene el poder de elegir, otorgado soberanamente por Dios a él como un agente moral, se imagina que este poder ha sido dado al hombre para que pueda llegar a ser lo suficiente justo para la salvación por sus méritos o incluso para contribuir a su salvación de alguna manera. Además, el hecho de que Pablo se refiere a la justicia que viene por la ley, indica que el hombre tiene poder alguno para optar guardar la ley y hacerlo, al menos en algunos aspectos. Por lo contrario tampoco podría ser responsable.

Pablo no niega que el hombre puede hacer buenas obras; él niega que las buenas obras puedan justificar a un pecador. Lutero está claramente confundido. Una violación de la ley condena al hombre para siempre. Incluso el guardar la ley perfectamente en el futuro, si fuese posible, no podría justificar el haber quebrantado la ley en el pasado. Por otra parte, que Pablo diga: "ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él" (Romanos 3:20), indica que es posible para el hombre guardar algunas disposiciones de la ley en su momento. El argumento de Pablo no es que es imposible mantener, en algunos momentos, algunas de las disposiciones de la ley, sino que aunque guardarse la ley perfectamente, esto no sería suficiente. En su determinación para demostrar la presunta esclavitud de la voluntad, Lutero ignora por completo el mensaje de Pablo.

J. I. Packer dice que: “la Esclavitud de la Voluntad es la pieza más grande de la escritura teológica que haya salido de la pluma de Martín Lutero. Esta fue también la opinión de Lutero”. iii Warfield llamó el libro Esclavitud: “La incorporación de los conceptos de la reforma de Lutero, lo más cercano a una exposición sistemática de los que alguna vez él hizo... en un verdadero sentido, es el manifiesto de la reforma”.iv Packer lo describió como “un tratado mayor de lo que Lutero vio como el corazón mismo del Evangelio”.v ¡Tal elogio es incomprensible!

Si Esclavitud presenta “el corazón de los Evangelios”, uno se pregunta ¿quién podrá ser salvo?, porque abarca unas 300 páginas de argumentos obtusos, de los cuales muchos de ellos la persona común encontraría difícil de seguir. Uno también se pregunta, cómo se ha vuelto tan complicado todo, cuando Pablo simplemente dice “cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:31). Y ¿cómo es que logrando demostrar que el hombre no puede elegir creer (si este fuera el caso), lo anime a creer en el Evangelio?

En contraste con los argumentos confusos de Lutero y las declaraciones contradictorias de Calvino, A. W. Tozer declaró:

Dios soberanamente decreto que el hombre debe tener libertad para ejercer la elección moral y el hombre desde el principio ha cumplido ese decreto haciendo su elección entre el bien y el mal. Cuando decide hacer el mal, él no contrarresta la voluntad soberana de Dios, sino que la satisface, puesto que el decreto eterno no decidió lo que la elección del hombre debía hacer, sino que debía ser libre para hacerlo... La voluntad del hombre es libre, porque Dios es soberano. Un Dios menos soberano no podría otorgar libertad moral a sus criaturas. Él tendría miedo de hacerlo...

Dios se mueve tranquilamente y sin obstáculos hacia el cumplimiento de esos propósitos eternos que se propuso en Cristo Jesús antes de que el mundo existiera... Puesto que es omnisciente, no puede haber ninguna circunstancia imprevista ni accidental. Sino que dentro del amplio campo de la soberanía de Dios, lo permisivo está en conflicto mortal entre el bien y el mal, en un furioso aumento continuo. Hay libertad para elegir de qué lado estaremos, pero no hay libertad para negociar los resultados de la elección una vez que se hace... nuestra elección es propia, pero las consecuencias de la elección, ya han sido determinadas por la soberana voluntad de Dios y sobre esto, no hay ninguna apelación.vi

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